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"....Una
vez me tomé un yogur que había caducado el día
anterior y estuve una semana lleno de remordimientos,
y de síntomas...".
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Una cuestión
de caracter
Hace algún tiempo estuve tres o cuatro días con
el carné de conducir caducado y lo pasé fatal.
No me atrevía a coger el coche, por supuesto;
es más, lo miraba con miedo, aunque él me provocaba
con sus curvas y sus faros, como diciéndome: "Tómame".
Pero, la verdad, me daba pánico sufrir un percance
y resistí a la tentación. Además, se me ocurrió
telefonear a Tráfico para preguntar qué podría
ocurrirme, y una máquina parlante, expendedora
de respuestas angustiosas, que atiende a esta
clase de llamadas existenciales, me aseguró que
estaba prohibidísimo conducir con el carné pasado
de fecha y preferí no hacerlo. Cada uno es como
es. Una vez me tomé un yogur que había caducado
el día anterior y estuve una semana lleno de remordimientos,
y de síntomas. Al final fui al médico y me dijo
que no tenía nada, recomendándome que no fuera
tan aprensivo.
-No
es un problema de aprensión -le dije-. Si un yogur
está caducado, está caducado.
Por
las noches soñaba que conduciendo el coche en
esta situación irregular atropellaba a un anciano
y el seguro se negaba a hacerse cargo de los gastos,
de manera que tenía que arruinar a mi familia
para pagar la indemnización y el entierro. Por
si fuera poco, el juez decretaba prisión sin fianza,
cumpliéndose de este modo una de las profecías
del prefecto de disciplina de mi colegio, que
se pasaba la vida asegurándome que acabaría en
la cárcel. Fueron unos días horribles, ya digo,
y sin haber cogido el coche. No quiero ni imaginar
lo que me habría ocurrido de atreverme a ir con
él hasta Serrano.
Renové
el carné, pues, a toda velocidad, y el mismo día
de estrenarlo, al regresar a casa de una cita
laboral, me detuvo una patrulla que estaba haciendo
controles rutinarios de alcoholemia. Yo no había
bebido nada, ni gota, pero se me puso una cara
de culpable impresionante y un temblor etílico
me recorrió prácticamente todo el cuerpo humano.
Los agentes se miraron el uno al otro como felicitándose
de haber pescado por fin a un infractor. Sin duda,
voy a dar positivo, me dije. Siempre pienso que
soy culpable mientras no se demuestre lo contrario.
Es la educación que me dieron los curas y los
militares, con perdón. En unos segundos visualicé
el drama que se me venía encima. Me quitarían
el carné recién renovado y tendría que dar explicaciones
a mi mujer y a mis hijos por haber conducido borracho.
Dirán ustedes que también podría contarles la
verdad, pero la verdad en situaciones tan patológicas
carece de valor. Es mejor construir una mentira
aceptable, perdonable: "Me encontré con un sargento
de la mili (con perdón) y me invitó a tomar unas
cañas". O bien: "Me dolía una muela y entré en
un bar a enjuagarme la encía con un chupito de
ginebra, para desinfectar".
Milagrosamente,
el aparato funcionó con equidad y dio negativo.
No me lo podía creer, no estoy acostumbrado a
que los aparatos se pongan de mi parte en situaciones
difíciles. La verdad es que los guardias tampoco
podían creérselo y me hicieron soplar otra vez
con idénticos resultados. Al final pensaron que
quizá me pasaba otra cosa y preguntaron si me
encontraba bien.
-Un
poco culpable nada más -respondí-, pero ya ha
pasado todo gracias a Dios.
-¿Seguro
que puede conducir sin problemas?
-Seguro, seguro. Acabo de renovar el carné, imagínense.
Salí pitando de allí, pero tardé dos horas en
recuperar las pulsaciones normales. En casa no
dije nada, pero como me notaron muy alterado tuve
que mentir de todos modos.
-Es que me he encontrado con un sargento de la
mili (con perdón) que había perdido un ojo haciendo
maniobras.
Viene
todo esto a cuento de la admiración que me producen
personas como Pedro Areitio, que siendo director
de Tráfico fue capaz de coger el coche sin carné,
sin seguro, sin permiso de circulación y no sabemos
si ebrio, puesto que logró que no le hicieran
el control de alcoholemia. Personalmente, me parece
un caso de seguridad personal envidiable. ¿Dónde
habrá estudiado este hombre, que a pesar de ser
de derechas va por la vida con la convicción de
que es inocente mientras no se demuestre lo contrario?
Más aún: incluso cuando se demuestra, es capaz
de liar las cosas de tal manera que le hace a
uno dudar. Ahora que se ha quedado sin trabajo,
yo lo pondría al frente de la Consejería de Salud
Mental. Si llevaba tan bien Tráfico sin carné,
haría una labor psiquiátrica excelente estando
loco.
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que mañana podrás leer un nuevo
ARTICUENTO de Juan José Millás.

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