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"...El señor de atrás fabrica envases de plástico,
aunque después de escucharle un rato, en detrimento
de Simenon...".
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Viva la gramática
Una red invisible de palabras planea sobre nuestras
cabezas. Todas las conversaciones realizadas a
través de los teléfonos móviles recorren la atmósfera
antes de llegar a su destinatario. A las sucesivas
capas de gas que rodean la Tierra habría que añadir
ahora la alfabética. Esta capa, a diferencia de
la de ozono, no tienen ningún agujero. Es más,
no cabe una letra ya en este tejido. De no ser
transparente, hace tiempo que viviríamos a oscuras.
Sobrecoge la posibilidad de que un día esas palabras
se solidifiquen de forma paranormal, como los
aerolitos, y comiencen a caer sobre nosotros.
Saldría uno al jardín y le caería a los pies una
oración gramatical cualquiera: "Dile a tu madre
que no voy a comer".
Si
las palabras fueran materiales de construcción,
hace tiempo que no se podría salir a la calle.
De hecho, casi no se puede entrar ya en el tren
o en el autocar de línea. Está uno intentando
concentrarse en una novela de Simenon, cuando
le cae encima la conversación del señor de atrás
con su socio. El señor de atrás fabrica envases
de plástico, aunque después de escucharle un rato,
en detrimento de Simenon, se da uno cuenta de
que lo que el señor de atrás fabrica son frases.
Defectuosas, por cierto. En las dos horas que
ha durado el viaje, y la conferencia telefónica
por tanto, no ha hecho una sola construcción sintáctica
como Dios manda. Espero que sus envases sean mejores,
aunque lo que a él le gusta es la oratoria.
La industria del futuro es la industria sintáctica.
Todo el mundo habla. No hacemos otra cosa que
hablar. La atmósfera está completamente llena
de conversaciones. Lo malo es que son conversaciones
banales, malas, rotas, tristes, defectuosas. Tanta
tecnología punta para preguntarle a la sufrida
esposa dónde está la mahonesa. Pues en el tarro
de la mahonesa, hombre de Dios, dónde quieres
que esté. Vamos, que son mejores los teléfonos
que las conversaciones. Pues bien, ahora que ya
hemos conseguido una calidad impresionante en
el aparato, sería hora de poner las frases a su
altura. En otras palabras: viva la gramática,
con permiso de Telefónica (con acento en la o).
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que mañana podrás leer un nuevo
ARTICUENTO de Juan José Millás.

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