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"....que
lo que hace diez o quince años nos habría parecido
un cuento de ciencia ficción empieza a ser realismo
costumbrista...".
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Peor para ella
Tengo un ordenador portátil con el que voy a todas
partes. Lleva dentro de sí más folios escritos
de los que cabrían en un baúl, y más fotografías
de las que entrarían en siete cajas de zapatos.
Y no pesa más que un libro grande. En eso, los
ordenadores se parecen a nosotros, que tenemos
la cabeza llena de obsesiones, fantasías, deseos,
rencores, agradecimientos, cosas, en fin, que
no podríamos meter en un camión gigante de mudanzas
ni apretando. Muchas veces, este ordenador se
adelanta a mis deseos y si voy a escribir, por
ejemplo, la palabra febril, él me sugiere que
ponga febrero cuando apenas he tecleado febr.
O martes si me dispongo a escribir martillo. Normalmente
no le hago caso, pero a veces sí y salen textos
curiosos. Por las noches lo dejo encendido para
ver si se decide a redondear un artículo entero,
o dos, por su cuenta, pero aún no me ha dado esa
alegría.
Hace
poco, me disponía a escribir una carta a un amigo
y tecleé: Querid, pero antes de que acabara la
palabra, el ordenador me sugirió: Queridos padre
y madre. Se me cortó el aliento, como pueden ustedes
suponer, sobre todo porque soy huérfano y nunca
se me habría ocurrido dirigirme a estas alturas
a mis progenitores muertos. No obstante, hice
caso a mi máquina y redacté una carta que ni siquiera
era un ajuste de cuentas: de lo mejor que he escrito
en mi vida. No tengo adónde enviarla, pero eso
me ocurre también con muchas personas que están
vivas.
Ahora bien, lo mejor es que ayer estaba trabajando
cuando la pantalla del ordenador se puso negra
durante unos segundos angustiosos y luego volvió
en sí, como si hubiera tenido una lipotimia, una
pérdida, un vahído. A mí me pasan esas cosas también:
me desmayo durante un momento y en seguida se
me enciende la luz y continúo sin problemas con
lo que tenía entre manos. Ignoro si esta compenetración
con mi ordenador es rara o no, pero a mí me gusta.
O sea, que lo que hace diez o quince años nos
habría parecido un cuento de ciencia ficción empieza
a ser realismo costumbrista. La realidad es que
es muy voraz: materializa todo lo que se nos pasa
por la cabeza. Peor para ella.
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que mañana podrás leer un nuevo
ARTICUENTO de Juan José Millás.

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