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"...nunca han entrado por la ventana langostinos, ni solideos, ni motores de cuatro tiempos, ni fajas de péndulo, ni generales de brigada...".


Dios dirá

Hoy, mientras escribía a dos manos, entró por la ventana, arrastrada por el viento, la primera hoja seca del otoño. Qué cursilada, me dije; esta forma de presentarse sólo se le ocurre a una hoja. Y es verdad: nunca han entrado por la ventana langostinos, ni solideos, ni motores de cuatro tiempos, ni fajas de péndulo, ni generales de brigada. Sin embargo, por esta época, tarde o temprano viene a depositarse junto a la máquina de escribir una hoja seca de la que me da no sé qué deshacerme, por si fuera un mensaje. Quién va a escribirme a mí, me digo, y en un resto orgánico que se quiebra sólo con mirarlo. No lo sé, pero no me atrevo a tirarla.

Quizá, reflexiono, debería quemarla en la chimenea, pero no tengo chimenea. Podría aplicarle el mechero, desde luego, aunque no me parece bien acabar de un modo tan prosaico con una hoja tan cursi. Además, gracias a ella, he pensado un poco en la muerte, por lo menos en la muerte de los otros: tengo un par de amigos que andan tocados del ala y el otoño es fatal para los que padecen enfermedades crónicas. La verdad es que a poco convencional que uno sea, una hoja seca evoca el fin de nuestras ilusiones y el comienzo de la artritis. La he puesto sobre el cuaderno en el que tomo notas de esto o de lo otro, y parece una mano disecada, aunque no ha perdido esa elegancia de las cosas naturales. Puesta al trasluz, muestra sus delicadas nervaduras, que parecen los tirantes y encajes de la ropa interior de una princesa republicana y laica. Las hojas de los periódicos envejecen de un modo parecido, incluso se tuestan un poco cuando la intemperie actúa sobre ellas más de lo previsto por el circuito comercial. Personalmente, daría la vida a cambio de que un trozo de periódico, con la mejor de mis columnas, entrara este otoño por la ventana de quien yo me sé y se depositara junto a su máquina de escribir. Pero eso es imposible. La tumba de los artículos de prensa es el retrete o el contenedor de basuras de la esquina, qué le vamos a hacer. Conservaré esta hoja hasta el próximo otoño, y luego Dios dirá.

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Juan José Millás © 2001
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