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" El pensamiento borroso se va a poner de
moda en seguida, en competencia con el digital".
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La realidad digital
Cuando la realidad sea toda ella digital, sufriremos
menos que ahora. No hay más que traducir una cosa
a este lenguaje para que pierda sustancia. Fíjense
en los relojes, por ejemplo, que se han quedado
tontos desde que perdieron la esfera circular
y las manillas. Además, abres uno de esos relojes
digitales y resulta que no llevan nada dentro.
Están menos torturados que los de mi infancia.
Yo era un destriparrelojes. Mi padre le decía
a mi madre que iba para mecánico. Pero se equivocaba;
no los abría para arreglarlos, sino para entender
el mundo. Pensaba, fascinado ante aquel juego
de engranajes, que si comprendía su naturaleza
llegaría a dominar la mía. En aquella época, a
Dios se le llamaba el relojero del universo. Hoy,
con la invasión de los digitales, sería un desprestigio,
porque un digital lo hace cualquiera: sólo necesita
aire y una caja.
La
realidad analógica es un asco: está llena de accidentes
y de ruedas dentadas que al menor descuido te
trituran. Y tiene más de dos elementos. Yo quiero
apuntarme en seguida al pensamiento binario, donde
todos los asuntos, por complicados que sean, se
resuelven de un modo o de otro. Mi madre era de
pensamiento binario, siempre decía una de dos:
"Una de dos, o haces los deberes o te vas a la
cama sin cenar". Mi padre, sin embargo, tenía
un temperamento analógico. Todo le parecía complicado:
también era aficionado a los relojes. Mamá intentó
traducir a mi padre al sistema digital, que entonces
no se llevaba y fracasó. Se murió analógico total,
confuso, sin haber llegado a comprender por qué
las cosas habían sido así y no de otro modo.
A
lo mejor es que era un hombre de pensamiento borroso.
El pensamiento borroso se va a poner de moda en
seguida, en competencia con el digital. El débil
ya no se lleva porque conduce a la desesperación.
Lo borroso quiere decir que más allá de tus narices
sólo ves sombras, como los esclavos de la caverna.
La diferencia es que los esclavos tomaban por
realidad aquellas sombras, mientras que nosotros
sabemos que no son más que borrones. No hay quien
aguante esa visión. Yo quiero que me traduzcan
al sistema digital, para no sufrir. Pagaría cualquier
cosa, pero no sé dónde lo hacen.
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ARTICUENTO de Juan José Millás.

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