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" Los seres humanos somos muy ambiciosos: no nos conformamos con enfermar de las cosas reales, como el hígado o la vesícula, sino que nos ponemos mal de las irreales".

 


Territorios míticos

Ahora me duelen las lumbares: cada edad tiene sus perversiones. El problema de las lumbares es que son pura metafísica. Si me dolieran los pies, me dolerían los pies; si la cabeza, la cabeza; si la garganta, la garganta. En cambio, si me duelen las lumbares, no me duele nada, porque las lumbares no existen. El diccionario dice que se trata de una región del cuerpo situada en la parte baja de la espalda, entre las últimas costillas y la cresta ilíaca. Una tierra de nadie, en fin; un territorio mítico, una región ilocalizable en el mapa corporal.

Las lumbares son lo más parecido al alma y lo cierto es que también el alma, pese a no existir, nos da más de un quebradero de cabeza. La diferencia entre uno y otro dolor es que el del alma es moral y el de las lumbares físico. Los seres humanos somos muy ambiciosos: no nos conformamos con enfermar de las cosas reales, como el hígado o la vesícula, sino que nos ponemos mal de las irreales, como el alma o el lumbago. La misma palabra que utilizamos para definir este dolor, lumbago, es completamente inverosímil. Lumbago, lumbago, cuanto más la repite uno, más advierte lo delirante de su sonido. Por favor, se nota a la legua que no significa nada. Dices cefalea, tendinitis, migraña, diarrea y todos sabemos de lo que estamos hablando, pero dices lumbago y te quedas a oscuras. El lumbago es al cuerpo lo que la depresión al alma. Por eso es tan difícil de curar. De hecho, creo que no se cura. Hace poco, un monitor de gimnasia me recomendó unos ejercicios muy humillantes, que consistían en hacer flexiones sujetando un palo de escoba sobre los hombros. Como cada vez me doliera más, telefoneé a un amigo especializado en medicina deportiva que me dijo que abandonara de inmediato tales ejercicios.

-¿No son buenos para el lumbago entonces?

-Son buenos, pero es evidente que a ti no te hacen bien.

-¿Y qué me recomiendas?

-Que te sientes de otra forma.

Le hice caso, me senté de otra forma, cruzando la pierna izquierda sobre la derecha, y a los pocos días, curiosamente, se me quitó la depresión. Llevaba, desde que comenzó el invierno, un poco triste, sin encontrarle sentido a nada y de repente, con sólo cruzar la pierna izquierda sobre la derecha, en lugar de la derecha sobre la izquierda, como hacía habitualmente, comencé a encontrarle sentido a la vida, incluso a la enfermedad. En cambio, el lumbago sigue igual o peor, si cabe, pero lo llevo con más resignación. Desde luego, preferiría que me doliera algo existente, pero para alguien que se dedica a escribir quizá sea más beneficioso padecer de cosas irreales que de las de verdad. Estoy dándole vueltas a un relato que sucedería precisamente en ese territorio mítico: en la región lumbar. Continuará.

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