JUAN JOSÉ MILLÁS página oficial

> Identidad e identidades


" Yo tenía un amigo con problemas de comunicación entre el lado derecho y el izquierdo de su cerebro, y cada mano iba por su sitio".

 


Así nos va

El cerebro está dividido en dos partes unidas por el cuerpo calloso. Si no existiera el cuerpo calloso, las dos mitades del cerebro tampoco se comunicarían entre sí y la vida sería un desastre. Imagínense un cuerpo cuyo lado derecho tenga intereses radicalmente distintos a los del izquierdo. En cierto modo es así, pero al final los dos lados negocian y por lo general siempre llegan a un acuerdo. Por eso no se nos cae todo de las manos. Por eso logramos también la mayoría de las veces caminar en línea recta. Si los dos lados se empeñaran en ejecutar las mismas cosas y a la vez, no seríamos capaces de hacer la cama, ni, lo que es peor, de cortar unas lonchas de jamón o unos tacos de queso.
Yo tenía un amigo con problemas de comunicación entre el lado derecho y el izquierdo de su cerebro, y cada mano iba por su sitio. A lo mejor una quería pelar una naranja, pero la otra se empeñaba en pelar una patata. Al final, mi amigo se quedaba sin fruta y sin tubérculo, pues las dos actividades se excluían. No consiguió estudiar nada porque por un lado le gustaba la física, pero por otro le volvía loco la literatura, de modo que dejaba una cosa por otra continuamente sin profundizar en ninguna. A mí me quería mucho por una parte, pero me detestaba por la otra, de manera que nuestra relación era muy irregular. Durante un tiempo le perdoné los desplantes del lado enemigo porque eran compensados con el afecto del lado amigo. Pero con la edad dejaron de interesarme las emociones fuertes y dejé de verlo. Todavía me llama para que comamos juntos, pero al poco telefonea también el otro anulando la cita. Mi amigo tiene, pues, un problema de cuerpo calloso. Parece mentira que le hayan dado un nombre tan antipático, cuerpo calloso, con lo importante que es la función que realiza.
Más aún: ninguna organización empresarial o de otro tipo tiene un departamento, no ya que se llame así, cuerpo calloso, sino que cumpla sus funciones. Y es necesario. Si entre los sindicatos, por ejemplo, y las empresas hubiera un cuerpo calloso capaz de vehicular correctamente la información de las dos partes, y de sintonizarlas, las relaciones laborales serían mucho más sencillas. Y quien habla de las relaciones laborales habla de todas las demás. La habilidad negociadora del cuerpo calloso es tal que ha conseguido que el lado izquierdo del cerebro se ocupe de los movimientos del derecho y el derecho de los del izquierdo. Es decir, que las dos partes se han cambiado de bando para velar cada uno por los intereses de la contraria. Imagínense un órgano de estas características regulando las relaciones entre los partidos políticos o los matrimonios. Sería un éxito. Y lo curioso es que el modelo lo llevamos dentro, en la cabeza. No debería ser tan difícil de reproducir. Lo que pasa es que hacemos las cosas con poca cabeza, y con poco cuerpo calloso, por lo tanto. Así nos va.

Vuelve al menú de los Articuentos. No olvides que mañana podrás leer un nuevo ARTICUENTO de Juan José Millás.

 

 

Juan José Millás © 2001
  más escritores en ClubEscritores