|

"Seguramente hay muchos modos de sacar
las cosas del cuerpo. Lo que no soporto es esa
imagen que proporciona el término liposucción".
|

 
Sobre el panículo adiposo
Cada vez que oigo hablar de la liposucción, me
acuerdo del panículo adiposo. Según mi libro de
ciencias naturales escolar, se trataba de un delantal
de grasa que cubría el vientre de los mamíferos,
incluidos el profesor de geografía y la señorita
de francés. La imagen del delantal no me ha abandonado
desde entonces, así que cuando me hablan de alguien
que se ha sometido a una liposucción imagino a
un médico muy cruel, sexualmente enfermo, arrebatándole
el delantal con violencia a su paciente. Las imágenes
originadas en la infancia tienen una fuerza tremenda.
Nos las llevamos a la tumba. Por eso, no he podido
olvidar tampoco la tenia o solitaria, que aunque
era un bicho repugnante, con la cabeza llena de
garfios, igual que un marciano, a mí me daba mucha
lástima. Me identificaba con ella, no por lo que
tenía de tenia, sino por lo que tenía de solitaria.
Pobrecilla.
Personalmente,
no me he desprendido nunca del panículo adiposo.
Una vecina mía se lo quitó y se le puso la tenia
triste, como si estuviera solitaria. Ahora bien,
si me obligaran a desprenderme de una de las dos
cosas, elegiría la tenia, que finalmente, por
mucha pena que nos dé, es una invasora. Pero sin
violencia, por favor. Seguramente hay muchos modos
de sacar las cosas del cuerpo. Lo que no soporto
es esa imagen que proporciona el término liposucción.
La misma palabra me pone los pelos de punta. Imagino
un aspirador brutal arrancando la grasa con la
crueldad con que los niños sorben a través de
la pajita los restos del batido que ha quedado
en el fondo de los vasos.
Además,
que en una maniobra de liposucción, si no la controlas
bien, lo mismo se te va también la solitaria.
Quizá se pueda vivir sin solitaria, o sin delantal,
alternativamente, pero sin las dos cosas a la
vez la existencia no tiene sentido. Mucha gente
dirá que hablo de este modo de mi tenia porque
se trata de una tenia imaginaria. Pues como todo
en la vida, hombre de Dios. ¿O es que es más real
el hígado que la solitaria? ¿Acaso tiene algo
que ver el colon imaginario que usted tiene en
la cabeza con el colon real que alberga en el
paquete intestinal? ¿No? Pues no hable. Las cosas
sólo se hacen reales cuando nos las liposuccionan.
Por eso hay que pensárselo muy bien antes de dejarse
absorber. Una cosa es tener relaciones con un
delantal de mantequilla imaginario, que nos cubre
el vientre, y otra ver el trozo de panceta junto
a la mesa del quirófano. Una cosa es pensar en
la solitaria que te habita y otra encontrártela
entre las sábanas cuando abres la cama para ir
a dormir. O sea, que si usted quiere adelgazar,
haga un poco de ejercicio y verá cómo el panículo
adiposo pierde materia grasa en seguida, convirtiéndose
en un delantal finísimo, lleno de encajes y puntillas
eróticas. Cuando el delantal es tan delgado como
un paño de seda, sale la tenia del intestino,
se lo pone, y está guapísima con él.
Vuelve
al menú de los Articuentos. No olvides
que mañana podrás leer un nuevo
ARTICUENTO de Juan José Millás.

|