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"La semana pasada, por ejemplo, me despertó
el ojo del lado izquierdo".
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Cicatrices
Me despertó a media noche un cerebro, el mío.
No me dolía, pero se las había arreglado para
convertirse en el centro del universo. El resto
de mi cuerpo no era más que una mera excrecencia
o ramificación de aquella víscera. Me ocurre a
menudo, también con otros órganos. La semana pasada,
por ejemplo, me despertó el ojo del lado izquierdo.
Tampoco me hacía daño, pero había adquirido un
grado de existencia excesivo, como si se tratara
más bien del ojo de un huracán. Todo lo que miraba
con él adquiría unos contornos especiales, una
relevancia inquietante. A través de las luces
nocturnas que filtraban los visillos observé con
ese ojo los muebles del dormitorio y me pareció
que tenían unos límites cortantes, groseros, como
si cada uno de ellos pretendiera distinguirse
del resto de la habitación y mostrarse en su pura
individualidad, sobrecogiéndome.
También
el cerebro se comportaba como un ojo, sólo que
lo que mostraba bajo la luz fluorescente característica
del halo encefálico eran muebles mentales. Me
asusté un poco hasta que la experiencia se estabilizó.
Luego recorrí aquella exposición de objetos que
decoraban mi conciencia y observé que estaban
poseídos también por un exceso de realidad. Cada
cajón, cada espejo, cada sofá, era una cicatriz.
Y los pasillos eran también cicatrices que, sumados,
constituían una gran cicatriz de labios sonrosados
que representaba mi existencia.
Me
di la vuelta y la experiencia remitió, pero entonces
me di cuenta de que yo formaba parte de un cuerpo
social en el que en seguida comenzó a destacarse
sin doler, pero con fuerza, Felipe González. A
la luz de su imagen, que constituía el encéfalo
de la actualidad, fui contemplando el museo de
las cosas reales y las cosas reales resultaron
ser cicatrices también. Los contornos de mi país
tenían la aureola característica de las pesadillas,
y la mirada de González en el interior de esa
masa carnal parecía la mirada de un fantasma sin
reposo. Comprendí que no había esperanza, así
que recuperé la indivualidad y me dormí en el
interior de mi propia cicatriz.
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que mañana podrás leer un nuevo
ARTICUENTO de Juan José Millás.

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