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"Pero cómo va a haber perdido el niño
un adverbio, mujer? ¿No ves que es imposible".
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Diario (II)
Aquella mañana, después de que mi marido y mi
hijo salieran de casa, fui a abrir las ventanas,
para ventilar un poco las habitaciones, y pisé
un adverbio que con las prisas se le había caído
al crío de la cartera. Sonó como cuando aplastas
un insecto, y al cogerlo observé que perdía una
materia viscosa por uno de los extremos. Recuperé
con una cuchara lo que pude de esa materia, trasvasándola
a una taza que me pareció vacía, aunque luego
advertí que estaba ocupada ya por el contenido
de un huevo que había llegado roto del supermercado.
Ignoraba lo que tardaba en descomponerse un adverbio
abierto, así como sus efectos sobre el huevo,
por lo que cada poco me asomaba a la nevera con
miedo a que la mezcla oliera mal. Lejos de eso,
la clara recuperó la frescura perdida al contacto
con el aire y la yema se puso más turgente.
En
la cena le pregunté a mi hijo si había echado
en falta un adverbio y dijo que no mientras intercambiaba
una mirada de complicidad con su padre. Desde
que cogí esa depresión tan grande el año pasado
creen que me estoy volviendo loca y responden
a todo que sí o a todo que no, depende. El niño
dice más veces que no y el padre más veces que
sí, pero los dos se expresan de manera mecánica,
mientras prestan su atención a otra cosa. Es su
manera de decir que no les interesa ni poco ni
mucho lo que digo. Entonces me volví a mi marido
y le pregunté que a qué colegio mandábamos a nuestro
hijo que no se daban cuenta de que llegaba a clase
con un adverbio menos que el día anterior. "¿Pero
cómo va a haber perdido el niño un adverbio, mujer?
¿No ves que es imposible?", fue todo lo que se
le ocurrió decir con ese gesto de paciencia que
utiliza desde hace tiempo para perdonarme la vida.
Me levanté furiosa y saqué la taza de la nevera
para enseñárselo, pero el adverbio se había diluido
en la clara sin dejar huella. Solté una imprecación
y me olvidé del asunto hasta que al descongelar
la nevera, un mes más tarde, volví a encontrar
la taza. Sorprendentemente, el huevo parecía recién
puesto, por lo que deduje que el adverbio tenía
propiedades conservantes. Escribí a un programa
de cocina que hay en la radio, pero aún no lo
han sacado.
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que mañana podrás leer un nuevo
ARTICUENTO de Juan José Millás.

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