
"En
la novela pueden detectarse las claves características
de la serie: una estructura de enredo policial
-la entrada de la clienta despampanante y problemática
en el despacho del detective es una típica apertura
chadleriana-; una tendencia la parodia genérica
y a la autoparodia literaria, que conjura cualquier
riesgo de seriedad o envaramiento; y un gusto
por la escritura desaforada, poblada de absurdos
y chistes, que convierten el acto creativo en
un gozo para el escritor y la lectura en un festín
para el lector. Y que permiten además llevar los
registros de sátira moral y crítica social hasta
extremos que en otro marco lindarían con el libelo".
Llàtzer Moix, en el suplemento "Libros"
de "La Vanguardia", 9 de febrero de 2001.
"Entiendo
que la publicación de esta novela es el
primer homenaje que se rinde a Enrique Jardiel
Poncela en el centenario de su nacimiento, suceso
que tuvo lugar el día 15 de octubre de
1901 en una casa de la madrileña calle
de Augusto Figueroa. Pero debo añadir que
Eduardo Mendoza ya se lo ha venido rindiendo al
gran Jardiel -a lo mejor hasta sin saberlo- desde
que publicó "El misterio de la cripta
embrujada" (1979) y "El laberinto de
las aceitunas" (1982). (...) Sin embargo,
quede bien claro, antes de seguir, que no estoy
postulando que Eduardo Mendoza copie a Jardiel,
ni que lo imite. Sencillamente se mete por la
brecha abierta por él y a partir de ahí
discurre a su aire. Y a pesar del mucho nonsense
(¿o será noseny, tratándose
de un catalán?), a pesar del mucho fuego
de artificio verbal, por detrás y por debajo
de su prosa se recorta la silueta de una sociedad,
se articula de modo tácito una crítica
histórica y sociológica. (...) Confieso
que el Eduardo Mendoza que más me gusta
es el de "La verdad sobre el caso Savolta"
y el de un libro suyo casi secreto y ninguneado
en su bibliografía oficial: "Nueva
York" (Destino, 1986). Pero también
me es forzoso (y gozoso) confesar que con los
libros de su otra tesitura, y en especial con
esta "Aventura del tocador de señoras",
lo pasé requetebién. Leerlos me
retrotrajo a los días en que me desvirgaba
como lector, en que descubría el puro placer
de la lectura".
Ricardo Bada, en la revista "Paréntesis"
(México), octubre de 2001.