
Mallenca
vive sola en una casa de campo hasta que de pronto
coinciden a su alrededor varios personajes masculinos
que irán revelando una trama insospechada de motivos
míticos y obsesiones íntimas. Las cualidades de
imaginación e inventiva habituales en el autor
actúan aquí con una una ironía que no excluye
la emoción lírica ni la exploración de las posibilidades
rítmicas de la lengua hablada. El resultado: una
experiencia imaginativa y singular de teatro poético,
que estiliza el marco histórico de la época de
Alfonso XII en un juego sutil de perspectivas
múltiples basado, según el propio autor, en "lo
que puede suceder cuando una noche de tormenta
provoca encuentros casuales que en el fondo nada
tienen de casuales".
