
El
cielo de Nueva York es un cielo racionalista,
prosaico, alejado por igual de la sensualidad
del Asia Menor y de las brumas fantasmagóricas
del Norte. Bajo este cielo, que invita a callejear
a pesar de los rigores del clima, un indio a quienes
todos llaman Jimmy, pero cuyo verdadero
nombre es Washakie, explica al autor que
hasta hace poco, en una Nueva York que ya no existe,
las luces no se apagaban nunca. Así se inicia
un recorrido personal, casi íntimo, por las calles
de una ciudad que irá revelando algunos de sus
secretos.