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INTRIGAS
LITERARIAS
Una
de las bases temáticas de tu obra es la fascinación por
el tema del poder. En "La verdad sobre el caso Savolta",
entendido como "glamour", como seducción. En "La ciudad
de los prodigios", en cambio, es el poder entendido como
conspiración.
Yo
sigo creyendo que, en estos momentos, lo verdaderamente
atractivo para el ser humano no es el sexo, sino el poder.
Ni siquiera el dinero. Es algo que siempre me ha parecido
misterioso y por eso me interesa saber cómo es realmente.
Yo no lo sé, y en las novelas lo que hago es crear un
sistema a ver si aquél me convence totalmente, a ver si
así es el poder. Si es el fruto de una conspiración o
es una cosa mucho más mecánica y más tonta, sin ningún
interés. Nunca creí, ni en los sueños más remotos, que
yo o alguien como yo pudiera acceder al poder. Era como
un mundo misterioso, pero real, porque había alguien que
lo tenía. Entonces yo pensaba: "¿Cómo será tener poder?".
Tener dinero me lo podía imaginar: comprar lo que quieres.
Pero tener poder es una cosa distinta.
Supongo
que la crítica especializada comentó "La ciudad de los prodigios"
remitiendo al lector a su primera novela, "La verdad sobre
el caso Savolta", por la coincidencia cronológica y en ocasiones
ideológica. ¿Supone ello una fascinación por el pasado?
La
verdad es que no lo sé. Tengo varias teorías, y todas
contradictorias. Una explicación que me he formulado a
mí mismo es que cuando estoy en Barcelona escribo
sobre la ciudad en pasado; en cambio cuando estaba en
Nueva York escribía historias del presente, o sea,
que de alguna manera lo que buscaba siempre era alguna
distancia, espacial o temporal, entre la novela y lo que
escribo. De todas formas, esto no me convence relativamente.
La ciudad de los prodigios
viene detrás de "Savolta"
sin transición. Al acabar "Savolta" comencé a escribir
no "La ciudad de los prodigios", sino una novela que fue
variando y de la que salieron unos personajes que evolucionaron.
En algunos momentos paraba porque aquello se me estaba
complicando demasiado, se me iba de las manos, y entonces
escribía "La cripta",
que era un poco como un paseo marginal, aunque no lo considero
como un "divertimento", sino como experimentos sobre un
aspecto del "Savolta", la parte de farsa que mantengo
también en ésta. Quería experimentar un poco y ver qué
se podía hacer con una novela corta, contemporánea, local,
que permite más el humor. "La Cripta" fue por ver un poco
qué salía. El laberinto
de las aceitunas fue ya una forma más deliberada
de hacer este tipo de novela. Con la experiencia de las
dos, volví a recoger la novela que había iniciado tras
el "Savolta", y que era "La ciudad de los prodigios".
¿Por
qué le gusta tanto el tema del complot, de las intrigas,
con todos sus pasos alambicados y sus traiciones? En ocasiones
da la impresión de que finalmente está planteando la vida
como conspiración.
No
es que todo esto me guste; al contrario, me obsesiona
y me inquieta profundamente. Precisamente, si lo cuento,
es para conjurar este fantasma. No sabemos hasta qué punto
estamos siendo víctimas u objeto de una conspiración.
Hay unos que hacen pensar que no existe tal conspiración.
Son los que están viendo conspiraciones por todas partes,
y encuentran una confabulación del gran capital, la CIA,
los judeomarxistas, los criptonosequé… Esta gente hace
pensar que no existe ninguna conspiración y que realmente
las cosas son así porque son así. Otras veces da la sensación
de que estamos viviendo en un mundo de ficción que nos
están presentando de una manera pero que, en realidad,
oculta maniobras. Un día descubres que estás cansado de
llevar la ropa de una forma y que te gustaría llevarla
de otra; sales a la calle y descubres que todo el mundo
ha hecho lo mismo, No puede ser casualidad, Alguien ha
programado previamente que tú cambiaras de gusto. Y esto
es muy desconcertante.
¿Y
de la marginalidad, qué le atrae?
Si
siempre he escogido este tema es porque me preocupa. Los
protagonistas de mis novelas son siempre marginados, personas
que llegan a una comunidad y hacen todo lo que pueden
por integrarse, por aprender el código de señales. Y normalmente
acaban fatal, porque no creo que ninguno pueda… Tengo
la sensación de que eso me pasa a mí, pero también que
le pasa más o menos a todo el mundo, con algunas excepciones,
quizá. Si tienes hijos pequeños y los llevas al colegio
por primera vez, tienes la impresión de que no hay individualidades,
sino tú y después una masa que te espera. En la vida te
está pasando continuamente: cambias de escuela, vas a
la universidad, comienzas un trabajo… siempre estás con
desconocidos. Además, la imaginación es muy agradecida
desde el punto de vista literario, porque si no lo ves
desde la barrera no lo puedes describir. Desde "El
Quijote" hasta el que sea, siempre es alguien que
está mirando desde fuera.
¿Escribiría
usted una novela sobre la corrupción política?
A
mí me interesa muchísimo todo lo que tiene que ver con
el poder y la corrupción. Me encantaría saber, por ejemplo,
si las personas del Gobierno que se han corrompido
eran corruptas antes y aceptaron sus cargos para poder
meterse dinero en el bolsillo o si sufrieron un proceso
de contaminación y deterioro. Este es un tema que me interesaría
muchísimo como argumento de una novela, pero va a ser
imposible porque dudo que pueda llegar a saber la verdad
Los
españoles de a pie, sin embargo, tenemos fama de ser poco
respetuosos con la ley.
Lo
que ocurre es que España siempre ha sido un país
muy legalista, y la única forma de vivir en un país tan
mandón es infringiendo la ley. En tiempo de Franco
se decía que España era una dictadura militar mitigada
por el general incumplimiento de la ley. Nos hemos acostumbrado
a que la ley sea insoportable y a que el Estado sea una
mezcla de carcelera, madre superiora y vecino incordiante
al que hay que sortear como se pueda. Quizá si viviéramos
un largo periodo de tiempo bajo un Gobierno menos
agresivo nos volveríamos más respetuosos con la ley.
-Estos
textos han sido realizados a partir de fragmentos tomados
de las siguientes entrevistas:
José
Ribas y Sergio Vila-San-Juan, en "Ajoblanco",
abril 1988.
Ángel S. Harguindey, en "El País"
Cristina
Mella, en "Tribuna", 16 de mayo de 1994.
Carles Marqués, en "Cultura", junio de 1994.
Beatriz Berger, en "Revista de libros" de El
Mercurio, 5 de noviembre de 1995. Margarita Rivière,
en "Qué Leer", diciembre de 1996.
Paula Izquierdo, en "La Esfera", El Mundo, 27
marzo de 1999.
María Luisa Blanco, en "ABC Cultural", 1 de mayo
de 1999.
Llàtzer Moix, en "La Vanguardia", 13 de junio
de 1999.

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