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EDUARDO MENDOZA Página oficial  
A FONDO
 

ENTREVISTA

CUESTIONES DE ESTILO

EL CANSANCIO DE LA NOVELA

CUESTIONES DE ESTILO

¿Por qué para describir la Barcelona histórica en el "Savolta" y "La ciudad de los prodigios" utiliza un lenguaje bastante lineal, y en cambio para hablar de la Barcelona contemporánea en "El misterio de la cripta embrujada" y "El laberinto de las aceitunas" da rienda suelta a su vertiente más barroca, hasta un punto que en ocasiones produce la impresión de que el lenguaje es lo único realmente sustantivo del libro?

Porque lo es. Quiero decir que creo que tu apreciación es cierta, pero adolece de un error de planteamiento. Yo no utilizo los distintos lenguajes para describir una ciudad. En unas novelas utilizo un tipo de lenguaje y en otras otro, pero lo de la ciudad se da por añadidura. Cuando terminé el "Savolta" quería experimentar con un tipo muy concreto de lenguaje, más subjetivo, con una historia que no fuera tan realista o seudorrealista, sino imaginaria y fantasiosa. Entonces escribí "La cripta". El laberinto de las aceitunas fue un caso de amor, me había encariñado tanto con el personaje del majareta Ceferino, que pensé: "yo lo saco otra vez". Y escribí otra novela entera para poder estar con él. Y tengo más novelas suyas escritas que no me atrevo a publicar porque ya me da vergüenza. Luego, una vez hecho este experimento y visto hasta dónde podía llegar y las limitaciones que tenía, volví al estilo del "Savolta", más pausado, en La ciudad de los prodigios. Pero bueno, esa incursión por la farsa hasta su límite, abandonando cualquier acción y cualquier cronología lógica para poder contar un chiste obsceno, que era lo importante, la aproveché más tarde, aunque utilizando el humor de una forma más integrada en la narración. Me dio miedo, sobre todo con El laberinto de las aceitunas que el humor se convirtiera en una cosa sobrepuesta a la historia. Y así "La ciudad de los prodigios" está llena de disparates pero, aunque esté mal que yo lo diga, casi no se notan. Me quedé muy contento, porque pensé: "Ya he conseguido ese equilibrio donde nunca dejo tranquilo al lector". El que se cree que es una broma, tiene que llegar a pensar en algún momento que aquello es verdad. Y el que cree que es verdad, en algún momento tiene que pensar: "Me están tomando el pelo".

En su obra hay una mezcla de lenguajes formales con otros populares.

Yo, cuando trabajaba como traductor simultáneo, hablaba dos españoles muy distintos entre sí. Uno en las sesiones formales y otro con mis compañeros. Descubrí, entonces, que dentro de cada idioma hay muchos otros y la convivencia de estos lenguajes me parecía muy interesante. Me gusta mezclarlos, incluso dentro del mismo párrafo. El resultado es muy chocante y te das cuenta hasta qué punto vivimos en mundos separados.

Mientras usted conserva un estilo directo, sencillo, otros autores recurren a la experimentación lingüística. ¿Guarda respeto por la tradición literaria clásica?

Sí, soy respetuoso, pero también lo soy con la investigación y el experimento, si está bien hecho, claro. Me parece que ahora en España hay una tendencia a recuperar la narración sencilla. En una época hubo que modernizar el español del siglo XIX, que sólo servía para contar historias de duelos y amores desgraciados. Proust lo había hecho en Francia, Thomas Mann en Alemania, y en España seguíamos con un lenguaje decimonónico. Y bueno, pues se hizo este esfuerzo para crear un español que permitiera reflejar el pensamiento moderno. A eso contribuyó la gran corriente renovadora que vino de América Latina en los años 60. Tuvimos esa suerte, que nos ahorró mucho trabajo, porque vinieron personas que con el mismo idioma hacían cosas completamente distintas. Descubrimos que el español era un idioma con enormes posibilidades, que con el mismo diccionario, la misma gramática y las mismas palabras se podían reflejar realidades dispares.

Al igual que en pintura se ha vuelto a lo figurativo, yo he vuelto al figurativismo en la novela, a alguna de las características de las novelas del siglo XIX, como por ejemplo la identificación del lector con los personajes, cosa que hasta hace poco se pretendía lo contrario, distanciar; el sentido del tiempo, el transcurso del tiempo en la novela, que se había roto, aunque no tan recientemente. Creo que Conrad es el primero que rompe el concepto del tiempo; yo trato de recuperar el concepto que tenían los rusos o la novela francesa de Flaubert, o los del 98. Creo que en el 98 se dan unas novelas excelentes, pese a que en España se habían dado muy pocas desde Cervantes y la picaresca. La novela del 98, en cambio, es una novela extrañamente moderna que luego se queda en nada, no da paso a una aportación a la novela internacional, seguramente porque la generación siguiente se pierde por la guerra.

En esta renovación de la narrativa española de los últimos tiempos hay un hecho curioso, como es el que muchos de los pesos pesados estén trabajando en Barcelona, cuando hace unos años se profetizaba que, en un cierto tiempo, nadie en la ciudad seguiría escribiendo en castellano.

Sobre este tema tengo muy poca opinión. Personalmente ni me afecta ni lo veo. En un cierto momento, Barcelona parecía ser un centro de literatura en castellano porque habían venido muchos de los sudamericanos del "boom", que es uno de los fenómenos que todos nos negamos un poco a tocar. Hablamos de la literatura y de la novela española como si no hubiera habido una influencia externa, cuando yo creo que todo el "boom" nos marcó definitivamente. Pues bien. Barcelona, dejando al margen el idioma que se hable en ella, es una ciudad que tiene enormes atractivos de clima, de posibilidades económicas, proximidad con Francia y el hecho de que esté Carmen Balcells en ella. Eso hizo que un momento dado mucha gente viniera aquí y viviera aquí. Pero es que en el supuesto hipotético de que se normalizara el catalán y de que sólo se hablara el catalán, eso no excluiría que aquí hubiera una enorme colonia de escritores en castellano, de la misma manera que en París ha habido siempre una enorme colonia de escritores americanos escribiendo en inglés. Para eso sólo hace falta que una ciudad sea lo suficientemente atractiva como para vivir en ella. No sé por qué el escribir en un idioma en una ciudad en la que se habla otro tiene porque ser un disuasivo. Si se hace mejor literatura en Barcelona o en Madrid, no lo sé. Creo que hay un elemento en Barcelona que, junto al "boom", nos ha influido mucho, porque estábamos al lado, y es la literatura catalana. Los escritores de Barcelona hemos tenido una influencia doble y una especie de mestizaje que nos ha sido muy útil. Pienso que no hay nada peor que la endogamia. Y Madrid la ha padecido porque ha sido un lugar cerrado, como lo ha sido toda España, huérfana de los exiliados, etc… y sin este mestizaje incluso lingüístico. Yo creo que el castellano de Barcelona, aunque puede ser más pobre que el de Castilla por el peso de otro idioma, tiene en cambio esa especie de doble estructura paralela que lo hace más vivo, si no más rico. Por otra parte, el escritor que vive en Cataluña suele ser más cuidadoso con el lenguaje, porque es consciente de que puede cometer errores. Es muy difícil que intercale una coma entre sujeto y verbo, cosa que sistemáticamente hacen allí… En última instancia, el que haya más peso en un sitio que en otro depende de que haya dos o tres firmas, como en un equipo de fútbol, que siempre tiene dos o tres figuras, y el resto está ahí echando balones. ¿Por qué en un momento dado parecía que Madrid iba en cabeza? Porque estaban Benet y Sánchez Ferlosio que, claro, son grandes pesos.

CUESTIONES DE ESTILO

EL CANSANCIO DE LA NOVELA

-Estos textos han sido realizados a partir de fragmentos tomados de las siguientes entrevistas:

José Ribas y Sergio Vila-San-Juan, en "Ajoblanco", abril 1988.
Ángel S. Harguindey, en "El País"
Cristina Mella, en "Tribuna", 16 de mayo de 1994.
Carles Marqués, en "Cultura", junio de 1994.
Beatriz Berger, en "Revista de libros" de El Mercurio, 5 de noviembre de 1995. Margarita Rivière, en "Qué Leer", diciembre de 1996.
Paula Izquierdo, en "La Esfera", El Mundo, 27 marzo de 1999.
María Luisa Blanco, en "ABC Cultural", 1 de mayo de 1999.
Llàtzer Moix, en "La Vanguardia", 13 de junio de 1999.

 
 
© Eduardo Mendoza 2001
   
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