EDUARDO MENDOZA Página oficial  
A FONDO
 

ENTREVISTA

CUESTIONES DE ESTILO

EL CANSANCIO DE LA NOVELA

SAVOLTA Y EL ANARQUISMO

Para muchos lectores "La verdad sobre el caso Savolta" representa un punto de ruptura en la novela española de estas últimas décadas. ¿Cómo se gestó el universo que hizo posible la escritura de su primera novela?

Surgió por dos conductos distintos. En primer lugar, yo no tenía voluntad de ruptura, sino de recoger una tradición que me gustaba más que lo que en aquel momento se estaba haciendo. Era, no una rebelión, sino un deseo de volver a formas antiguas, a la novela en la que yo me había formado -Julio Verne, la novela de acción, de intriga, de misterio-, a todo lo que me había hecho disfrutar y que entonces estaba totalmente en desuso, pero quería recuperar ese placer. Quería encontrar un vehículo que me permitiera hacer lo que a mí me diera la gana. Y entonces pensé: "Bueno, voy a ir probando". Incluso el principio del Caso Savolta, que es un collage de muchos estilos, responde en realidad a que lo empecé varias veces de distintas maneras para ver cuál me funcionaba mejor, hasta que descubrí que todas me funcionaban bien, siempre y cuando jugara con ellas. Fui haciéndolo a medida que iba escribiendo, y cuando lo acabé, pensé: "Bueno, no sé qué me ha salido". Por un lado era una cosa espontánea. Y por otro, totalmente desequilibrada. La llevé a varias personas y me señalaron que aquello no podía ser. Y efectivamente, no podía ser. La intención era buena, pero el resultado final era una caos. Entonces lo rehice, y ahí sí me arriesgué más, procurando no tocar lo que tenía de disparatado y ordenando un poco el caos para que fuera un caos comestible.

La llevé a una serie de editoriales y me la rechazaron. Era la postmodernidad que llamaba a la puerta, aunque yo no lo sabía y los que la rechazaban tampoco. Sí lo supo el que la contrató, Pere Gimferrer, que aseguró que en ese momento las cosas iban por ahí. Él lo tenía todo muy claro porque es el hombre más inteligente de Europa, disimula con su pintoresquismo, pero es el más listo sin duda. Cuando salió la novela todo el mundo corroboró esa intuición, era la primera novela que recibía la atención y el reconocimiento, quizá porque los tiempos eran propicios. Salió en el año 75, cuando todo estaba cambiando; la prensa, por ejemplo, tenía un grado de expectación y credibilidad que no tuvo ni antes ni después. Todo el mundo leía de cabo a rabo los periódicos y éstos, además, respondían. Visto ahora, creo que es verdad, que es una novela que recupera la tradición narrativa del siglo XIX, pero lo hace habiendo aprovechado toda la enseñanza de la vanguardia, del formalismo de los 60, con toda la distancia y la ironía, y estableciendo con el lector un juego y una propuesta, una obra de guiños, que en mi caso continúa a calzón quitado en El misterio de la cripta embrujada.

Ese paisaje de luchas patronales y atentados anarcosindicalistas de los años 10 ¿le llegó a través de la lectura o por tradición familiar?

En parte por tradición, por la memoria colectiva de Barcelona que me había llevado a leer una serie de cosas. Las primeras notas del Caso Savolta las tomé en el 66, en Londres, donde estaba con una beca. En aquellas bibliotecas tan asequibles, cómodas y calentitas que tienen los ingleses empecé a leer sobre la historia de Barcelona y descubrí que era una ciudad enormemente divertida, con mucha vida. En casa había escuchado un sinfín de anécdotas, pero sólo me sirvieron cuando las pude encuadrar en un marco histórico más amplio. Claro, la anécdota del tío tal y el abuelo cual sólo me sirvieron cuando las pude encuadrar en un marco histórico más amplio. Claro, la anécdota del tío tal y del abuelo cual sólo tenía relieve y dejaba de ser trivial si la encuadrabas. Entonces, entre el marco histórico que me dieron las bibliotecas inglesas y la anécdota inmediata y cotidiana que había escuchado en casa, tenía todos los elementos que necesitaba para contar una historia que ya me iba contando a mí mismo cuando salía de la biblioteca, mientras volvía a casa por aquellas calles inglesas llenas de lluvia y niebla. Iba contándome esta historia, que se ponía en pie sola, y que no tenía comparación con la de esa Barcelona de blanco y negro de No-do y de restricciones que en los años 60 empezaban a desaparecer, pero que había sido la Barcelona que habíamos vivido todos. A su lado, esa otra ciudad que se levantaba de pronto del suelo, llena de acción. Yo tenía que escribirla porque no me cabía en la cabeza, en el sentido físico del término.

En general tengo interés por la vida de las comunidades, de las grandes ciudades, y como la mía es Barcelona, pues de Barcelona. Y una parte esencial de Barcelona es el anarquismo. Una de las cosas más graves que han pasado ha sido la eliminación del anarquismo de la vida catalana. Creo que si el empresario y el anarquista, el anarcosindicalista, hubieran llegado a establecer un diálogo, en ocasiones violento y en otras pacífico, como de hecho se empezaba a intuir que se podía hacer, habría sido muy interesante. Mucho más que ahora, que es un desastre y un desierto, desde el punto de vista de la cultura política y empresarial; no tiene sentido.

El anarquismo, además, literariamente es jugoso. Personalmente no puedo evitarlo. Soy hijo del romanticismo. Lo que tiene ahora, y creo que ya empieza a ser casi vergonzante, es este sello de esfuerzo inútil. Incluso hasta la bomba esa, redonda y con la mecha, se está convirtiendo en un objeto "camp". En realidad el anarquismo era muy terrible, ahora se ha quedado convertido en esa fotografía quemada, color sepia. Otra cosa es el sentido que tiene el anarquismo de la libertad, que es muy poco ideológico. El personaje de La cripta embrujada me gusta porque es un hombre auténticamente libre, sin ninguno de los elementos de la libertad, incluso está encerrado, no tiene ningún poder adquisitivo y sin embargo es un hombre verdaderamente libre, al que admiro y en ocasiones envidio. Envidio la capacidad que tiene de recrear un mundo libre dentro de los límites más estrechos.

¿Y cómo está su corazón de anarquista?

El anarquismo era una ideología y pasó como con los dinosaurios, quedó el esqueleto. Cataluña fue uno de los pocos lugares donde llegó a tener entidad, además murió joven y dejó el mito, que no tuvo ocasión de descomponerse. Su obra todos sabemos que es inviable pero la llevamos en el corazón. Hacían a nivel legislativo unas cosas tan divertidas que siempre les he tenido mucho cariño. Además, es uno de los signos de identidad en los que el movimiento nacionalista actual no quiere ni pensar: que Cataluña fue, además de un centro de coros y danzas, un centro de anarquistas. Eran vegetarianos, nudistas y querían imponer el esperanto como idioma oficial para crear una hermandad. Esto se ha borrado completamente y es inútil intentar recuperar su memoria.

Descubrir su ciudad y su pasado, en Londres, a través de los archivos ingleses, filtrándolos a través de una forma diferente a la que aquí se hacía, ¿fue una forma de escapar a la tradición literaria española e insertarse en la europea?

A mí me cuesta mucho verme como fruto de un solo árbol. Mi formación literatura viene de Baroja. He sido siempre un seguidor fiel, o lo era entonces mucho más que ahora, de la novela española clásica, de la picaresca y también del siglo XIX. Yo buscaba una forma de continuar esa tradición, pero actualizándola y haciéndola viable. ¿Qué mi formación viene de los archivos ingleses? Probablemente sí. Pero también es posible que venga de la biblioteca de mi abuela, una biblioteca con ediciones de principios de siglo, muy cuidada, con volúmenes ilustrados y manoseados cuyos bordes se rompían, con novelas de Balzac, Zola, Dostoyevski, que tenían unas ilustraciones que recuerdo más que el propio texto. Recuerdo mal la lectura de Crimen y castigo, pero en cambio recuerdo perfectamente la ilustración de la portada en la que se ve a Raskolnikov con levita y un pistolón enorme pegándole un tiro a una vieja. Me parecía una cosa maravillosa, y eso era exactamente lo que yo quería contar. No ya el texto, sino esa portada tan bonita, que luego recordaba con emoción antes de dormirme. El vehículo para poder contar esto es el estilo. Otro medio no tengo. Poder contar en el lenguaje de hoy aquella portada de Raskolnikov con el pistolón es muy serio, y tampoco es muy serio. Porque es algo profundamente vivido pero visto con una distancia y una melancolía que lo hace verdadero y no verdadero al mismo tiempo, como todo lo que toca la memoria.

CUESTIONES DE ESTILO

EL CANSANCIO DE LA NOVELA

-Estos textos han sido realizados a partir de fragmentos tomados de las siguientes entrevistas:

José Ribas y Sergio Vila-San-Juan, en "Ajoblanco", abril 1988.
Ángel S. Harguindey, en "El País"
Cristina Mella, en "Tribuna", 16 de mayo de 1994.
Carles Marqués, en "Cultura", junio de 1994.
Beatriz Berger, en "Revista de libros" de El Mercurio, 5 de noviembre de 1995. Margarita Rivière, en "Qué Leer", diciembre de 1996.
Paula Izquierdo, en "La Esfera", El Mundo, 27 marzo de 1999.
María Luisa Blanco, en "ABC Cultural", 1 de mayo de 1999.
Llàtzer Moix, en "La Vanguardia", 13 de junio de 1999.

 

 
 
© Eduardo Mendoza 2001
   
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