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CATALUÑA Y EL POSTMODERNISMO
Seguramente
no le gustarán las etiquetas, pero ¿se define como un escritor
clásico, postmoderno?
A
estas alturas ya no lo sé. Creo que todos tendríamos que
ser más humildes, elegir una etiqueta, ponérnosla, llevarla
colgada del cuello y ya está. Para qué vas a pretender
ir por el mundo sin etiquetas. Supongo que soy un escritor
postmoderno, pero después de leer algunas tesis que se
han escrito sobre mí, todas ellas disparatas, he llegado
a la conclusión de que soy un producto muy poco original.
Si algo tengo es haber asimilado las lecciones del tiempo,
de la evolución literaria. Soy heredero de todo y rebelde
contra nada, que es el signo de la postmodernidad. Mi
formación es la lectura, no en profundidad, pero sí con
mucho aprovechamiento de los clásicos. Empecé a escribir
habiendo leído bien la literatura española y extranjera,
sabiendo idiomas y leyendo en idiomas originales. Tuve
esa pequeña formación y el contacto con los formalistas
de los años 50 y 60. También una relación de amistad y
respeto con Juan Benet y Juan García Hortelano,
y no he desaprovechado nada.
A
parte de que sea un aspecto de su personalidad, ¿cree que
su ironía proviene también de alguna tradición catalana,
por ejemplo?
Creo
que sí. Hablar de la cultura siempre es complicado, porque
es un tema que ya tiene un componente político considerable…
Pero sí que un componente importante de la idiosincrasia
catalana es el sentido del humor, el auténtico, el dirigido
hacia uno mismo. En cierta manera es un sentido del humor
muy judío. Por eso nos gustan tanto las películas de Woody
Allen. Porque se ríe de sí mismo. Es parte de nuestra
personalidad y modo de ver el mundo, no se encuentra en
el resto de España. Los andaluces no tienen sentido
del humor, tienen gracia, más que nosotros, que somos
más sosos. Se puede encontrar en Madrid, porque
es una ciudad grande… En Barcelona existen una serie de
razones: también es una ciudad grande, dentro de una comunidad
que no sabe muy bien qué es, si un país, parte de un país
o el centro de otro país que no ha existido nunca… Esa
confusión que es tan interesante y que hemos de conservar
siempre. En el momento en el que nos definimos estamos
perdidos."Where is this country?". Me parece estupendo
hacer la pregunta y, sobre todo, no responderla nunca.
¿Qué país es este? No lo sé, no sé dónde está. La semana
pasada estaba al lado de Indonesia, pero me parece
que se iba hacia el norte… Realmente el país ideal sería
así.
Si
el catalán es su lengua materna, ¿por qué escribe en castellano?
Para
una persona que no ha vivido en una situación de bilingüismo
esto es difícil de entender. El catalán no es mi lengua
natal. Mi padre era castellano y mi madre catalana. En
mi casa se hablaba castellano, pero mi madre hablaba catalán.
Yo diría que mi lengua materna es el catalán, pero mi
primera lengua fue el castellano. Cuando era pequeño,
en la calle, hablaba en catalán y, aunque en el colegio
jugábamos en catalán, la enseñanza era en castellano.
El resultado de todo ese cóctel es que mi primera lengua
y sobre todo mi lengua literaria es el castellano. Aunque
hablo catalán, me costaría muchísimo escribir una novela
en este idioma.
Pero
sus obras de teatro las escribe en catalán.
Sólo
se me ocurren en catalán. Además, mi teatro se puede escribir
con un conocimiento del catalán más académico que artístico.
Sin ánimo de compararme, hago lo que hacía el irlandés
Beckett al escribir teatro en francés. En fin,
en todo caso, mi dedicación al teatro catalán es imparable.
Aunque sin mucha fortuna escénica, todo hay que decirlo.
Usted
tiene fama de ser muy crítico con la cultura oficial catalana.
¿Forma esto parte de su oficio como escritor?
Yo
soy crítico con todas las culturas en el momento en que
se oficializan. Me molestan mucho las placas conmemorativas
en honor de personas a las que se dejó morir de hambre
y no llevo bien todo el tema oficial de las subvenciones
y las preferencias. Aun así, tampoco soy tan crítico.
La verdad es que cada día me importa más todo un pimiento.
Sin
embargo es contundente hasta la polémica a la hora de defender
cosas en las que cree.
Es
verdad. Lo que ocurre es que muy pocas veces tengo las
cosas claras. Soy un buen oyente. Creo que eso me ha ayudado
mucho, como intérprete. Y después de oír muchos discursos,
he oído tantas cosas que la gente dice por decir, y tantas
afirmaciones cuyo único argumento es la contundencia y
seguridad y aplomo con que se decían… Yo he oído a tanta
gente decir una cosa y al día la siguiente la otra con
la misma capacidad de convicción, que dudo muchísimo de
la capacidad de raciocinio de los seres humanos. Claro
que los elementos de comparación son escasos, ¿no? Pero
si hay una vara de medir, pues muy poca gente da la talla.
Entonces, procuro no caer en lo mismo. Tengo una gran
inseguridad, no en mí, sino en la capacidad de argumentar
seriamente. Es decir, que creo en las razones pero muy
poco en la razón. Y entonces muchas veces me preguntan
cosas sobre las que necesitaría un año para poder contestar.
El
fenómeno nacionalista ¿puede acabar desfigurando los rasgos
barceloneses que están en la base de su obra?
Yo
creo que no. Las ciudades son más fuertes que las ideas
que mueven a los que gobiernan en un momento determinado.
También es cierto que esta idea y este proyecto de los
gobernantes influye mucho en la dirección que toman las
ciudades. Por otra parte, su papel es menor del que a
veces pensamos en el espíritu colectivo e imprevisible.
Ahora bien, no sé exactamente cuál es la medida de la
influencia de un gobierno o de otro, por supuesto de un
gobierno democrático con oposición, que siempre domina
una parcela de poder relativa. En un régimen absoluto
cambia muchísimo, y así y todo, ni siquiera un régimen
absoluto puede cambiar una ciudad. Recuerdo que, en época
de Franco, un extranjero me dijo: "He estado en
Barcelona y es la ciudad más libre de Europa, porque
allí todo el mundo dice lo que piensa". Y era verdad,
incluso era más verdad seguramente de lo que él quería
decir, porque ahora que ya no está aquel régimen opresivo
me parece que la gente no dice lo que piensa tanto como
lo decía antes. Porque quizá hay más compromisos y hay
que mantener equilibrios más difíciles.

-Estos
textos han sido realizados a partir de fragmentos tomados
de las siguientes entrevistas:
José
Ribas y Sergio Vila-San-Juan, en "Ajoblanco", abril
1988.
Ángel S. Harguindey, en "El País"
Cristina
Mella, en "Tribuna", 16 de mayo de 1994.
Carles Marqués, en "Cultura", junio de 1994.
Beatriz Berger, en "Revista de libros" de El Mercurio,
5 de noviembre de 1995. Margarita Rivière, en "Qué
Leer", diciembre de 1996.
Paula Izquierdo, en "La Esfera", El Mundo, 27 marzo
de 1999.
María Luisa Blanco, en "ABC Cultural", 1 de mayo
de 1999.
Llàtzer Moix, en "La Vanguardia", 13 de junio de
1999.

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