EDUARDO MENDOZA Página oficial  
A FONDO
 

ENTREVISTA

CUESTIONES DE ESTILO

EL CANSANCIO DE LA NOVELA

CATALUÑA Y EL POSTMODERNISMO

Seguramente no le gustarán las etiquetas, pero ¿se define como un escritor clásico, postmoderno?

A estas alturas ya no lo sé. Creo que todos tendríamos que ser más humildes, elegir una etiqueta, ponérnosla, llevarla colgada del cuello y ya está. Para qué vas a pretender ir por el mundo sin etiquetas. Supongo que soy un escritor postmoderno, pero después de leer algunas tesis que se han escrito sobre mí, todas ellas disparatas, he llegado a la conclusión de que soy un producto muy poco original. Si algo tengo es haber asimilado las lecciones del tiempo, de la evolución literaria. Soy heredero de todo y rebelde contra nada, que es el signo de la postmodernidad. Mi formación es la lectura, no en profundidad, pero sí con mucho aprovechamiento de los clásicos. Empecé a escribir habiendo leído bien la literatura española y extranjera, sabiendo idiomas y leyendo en idiomas originales. Tuve esa pequeña formación y el contacto con los formalistas de los años 50 y 60. También una relación de amistad y respeto con Juan Benet y Juan García Hortelano, y no he desaprovechado nada.

A parte de que sea un aspecto de su personalidad, ¿cree que su ironía proviene también de alguna tradición catalana, por ejemplo?

Creo que sí. Hablar de la cultura siempre es complicado, porque es un tema que ya tiene un componente político considerable… Pero sí que un componente importante de la idiosincrasia catalana es el sentido del humor, el auténtico, el dirigido hacia uno mismo. En cierta manera es un sentido del humor muy judío. Por eso nos gustan tanto las películas de Woody Allen. Porque se ríe de sí mismo. Es parte de nuestra personalidad y modo de ver el mundo, no se encuentra en el resto de España. Los andaluces no tienen sentido del humor, tienen gracia, más que nosotros, que somos más sosos. Se puede encontrar en Madrid, porque es una ciudad grande… En Barcelona existen una serie de razones: también es una ciudad grande, dentro de una comunidad que no sabe muy bien qué es, si un país, parte de un país o el centro de otro país que no ha existido nunca… Esa confusión que es tan interesante y que hemos de conservar siempre. En el momento en el que nos definimos estamos perdidos."Where is this country?". Me parece estupendo hacer la pregunta y, sobre todo, no responderla nunca. ¿Qué país es este? No lo sé, no sé dónde está. La semana pasada estaba al lado de Indonesia, pero me parece que se iba hacia el norte… Realmente el país ideal sería así.

Si el catalán es su lengua materna, ¿por qué escribe en castellano?

Para una persona que no ha vivido en una situación de bilingüismo esto es difícil de entender. El catalán no es mi lengua natal. Mi padre era castellano y mi madre catalana. En mi casa se hablaba castellano, pero mi madre hablaba catalán. Yo diría que mi lengua materna es el catalán, pero mi primera lengua fue el castellano. Cuando era pequeño, en la calle, hablaba en catalán y, aunque en el colegio jugábamos en catalán, la enseñanza era en castellano. El resultado de todo ese cóctel es que mi primera lengua y sobre todo mi lengua literaria es el castellano. Aunque hablo catalán, me costaría muchísimo escribir una novela en este idioma.

Pero sus obras de teatro las escribe en catalán.

Sólo se me ocurren en catalán. Además, mi teatro se puede escribir con un conocimiento del catalán más académico que artístico. Sin ánimo de compararme, hago lo que hacía el irlandés Beckett al escribir teatro en francés. En fin, en todo caso, mi dedicación al teatro catalán es imparable. Aunque sin mucha fortuna escénica, todo hay que decirlo.

Usted tiene fama de ser muy crítico con la cultura oficial catalana. ¿Forma esto parte de su oficio como escritor?

Yo soy crítico con todas las culturas en el momento en que se oficializan. Me molestan mucho las placas conmemorativas en honor de personas a las que se dejó morir de hambre y no llevo bien todo el tema oficial de las subvenciones y las preferencias. Aun así, tampoco soy tan crítico. La verdad es que cada día me importa más todo un pimiento.

Sin embargo es contundente hasta la polémica a la hora de defender cosas en las que cree.

Es verdad. Lo que ocurre es que muy pocas veces tengo las cosas claras. Soy un buen oyente. Creo que eso me ha ayudado mucho, como intérprete. Y después de oír muchos discursos, he oído tantas cosas que la gente dice por decir, y tantas afirmaciones cuyo único argumento es la contundencia y seguridad y aplomo con que se decían… Yo he oído a tanta gente decir una cosa y al día la siguiente la otra con la misma capacidad de convicción, que dudo muchísimo de la capacidad de raciocinio de los seres humanos. Claro que los elementos de comparación son escasos, ¿no? Pero si hay una vara de medir, pues muy poca gente da la talla. Entonces, procuro no caer en lo mismo. Tengo una gran inseguridad, no en mí, sino en la capacidad de argumentar seriamente. Es decir, que creo en las razones pero muy poco en la razón. Y entonces muchas veces me preguntan cosas sobre las que necesitaría un año para poder contestar.

El fenómeno nacionalista ¿puede acabar desfigurando los rasgos barceloneses que están en la base de su obra?

Yo creo que no. Las ciudades son más fuertes que las ideas que mueven a los que gobiernan en un momento determinado. También es cierto que esta idea y este proyecto de los gobernantes influye mucho en la dirección que toman las ciudades. Por otra parte, su papel es menor del que a veces pensamos en el espíritu colectivo e imprevisible. Ahora bien, no sé exactamente cuál es la medida de la influencia de un gobierno o de otro, por supuesto de un gobierno democrático con oposición, que siempre domina una parcela de poder relativa. En un régimen absoluto cambia muchísimo, y así y todo, ni siquiera un régimen absoluto puede cambiar una ciudad. Recuerdo que, en época de Franco, un extranjero me dijo: "He estado en Barcelona y es la ciudad más libre de Europa, porque allí todo el mundo dice lo que piensa". Y era verdad, incluso era más verdad seguramente de lo que él quería decir, porque ahora que ya no está aquel régimen opresivo me parece que la gente no dice lo que piensa tanto como lo decía antes. Porque quizá hay más compromisos y hay que mantener equilibrios más difíciles.

CUESTIONES DE ESTILO

EL CANSANCIO DE LA NOVELA

-Estos textos han sido realizados a partir de fragmentos tomados de las siguientes entrevistas:

José Ribas y Sergio Vila-San-Juan, en "Ajoblanco", abril 1988.
Ángel S. Harguindey, en "El País"
Cristina Mella, en "Tribuna", 16 de mayo de 1994.
Carles Marqués, en "Cultura", junio de 1994.
Beatriz Berger, en "Revista de libros" de El Mercurio, 5 de noviembre de 1995. Margarita Rivière, en "Qué Leer", diciembre de 1996.
Paula Izquierdo, en "La Esfera", El Mundo, 27 marzo de 1999.
María Luisa Blanco, en "ABC Cultural", 1 de mayo de 1999.
Llàtzer Moix, en "La Vanguardia", 13 de junio de 1999.

 

 
 
© Eduardo Mendoza 2001
   
  MÁS ESCRITORES