EDUARDO MENDOZA  
EL AUTOR
 

CURIOSIDADES

Mendoza ilustrador

Las relaciones de Mendoza con el folletín no se reducen a su popularísima novela por entregas "Sin noticias de Gurb", que Seix Barral publicó como libro en 1990. Dos años más tarde, entre julio y agosto de 1992, Mendoza publicó, también en El País, "La visión del Archiduque", una nouvelle satírica, que utilizaba el recurso de unas supuestas notas tomadas por un funcionario del Ayuntamiento de Barcelona durante las jornadas inaugurales de la Exposición Universal de 1929. "Naturalmente -dice con sorna el narrador- yo no podía imaginar que andando el tiempo Barcelona se convertiría en sede de los Juegos Olímpicos de 1992 y que, a raíz de ello, se repetirían circunstancias muy similares a las reflejadas en dichas notas". Lo realmente curioso de aquella incursión humorística de Mendoza es la serie de dibujos que la acompañó, hechos por él mismo, que están a medio camino entre la caricatura y el dibujo.
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Entre políticos

"El intérprete -dice Mendoza- es alguien que va corriendo detrás de los políticos y que debe tener el cuello como una manguera; ha de meter la cabeza pero no todo el cuerpo". El propio novelista practicó este raro deporte en los 80, cuando le tocó ser intérprete de Felipe González y Ronald Reagan. Como los intérpretes no tienen memoria, no podremos saber nunca qué fue exactamente lo que hablaron. Lo más que se ha filtrado es que no se decidieron cuestiones fundamentales y que el actor-presidente norteamericano fue el más amable y comunicativo.


Una biblioteca exigua

Lejos del tópico, Mendoza es un escritor que guarda pocos libros en su biblioteca. Los que están allí se han ganado ese lugar por razones afectivas o porque el escritor ha pensado que los volverá a leer. "Tengo pocos libros", ha dicho Mendoza, "porque una vez leídos los regalo. Salvo que sea algo muy bueno, o un libro que sé que voy a querer consultar, o bien porque sea de un amigo. Lo único que releo permanentemente es la Biblia".

El caso de la Barcelona Traction

Como abogado, Mendoza trabajó en este caso bastantes años, todos los días de ocho a tres. La demanda fue presentada ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya con el gobierno belga como demandante y el español como demandado, tenía que ver con la expropiación de unas empresas eléctricas -lo que luego se convirtió en FECSA-, y se remontaba a la época de la electrificación de Cataluña, con una segunda parte de conspiración mercantil en los años 40. La función de Mendoza era entrar en los archivos de las empresas, leer la documentación -que estaba en inglés, en francés y en alemán- y ordenar el material. La historia del caso venía dada por un contrato, una carta, la minuta de un encuentro, un telegrama… Nada de eso tenía ningún sentido por sí solo, pero visto todo en perspectiva, formaba una magna operación de compraventa. Aunque Mendoza nunca descubrió la conspiración que buscaba, sí encontró un recurso literario: la forma de ir datando un suceso a base de mínimos detalles marginales.

 
 
© Eduardo Mendoza 2001
   
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