
Un
verano de la posguerra: la guerra civil empieza
ya a ser un recuerdo, aunque su huella resulte
visible tras la forma en que se organiza la
vida cotidiana de los supervivientes. Estamos
en Barcelona, y también en una no lejana localidad
de veraneo, donde Carlos Prullàs, un
distinguido comediógrafo cuyas piezas empiezan
a quedar pasadas de moda, vive las perplejidades
de la entrada en la edad otoñal, no menos que
la indecisión y el titubeo entre simultáneos
o sucesivos reclamos amatorios. Parece el esquema
de una comedia burguesa de costumbres, pero
la irrupción del crimen y la intriga policial
convierte la indagación humana en intermitente
investigación detectivesca.