
"Con
toda desvergüenza (y el descaro tal vez no sea
quitarse una cara sino presentar la otra, ya se
sabe cuál) declararé que "La ciudad de los
prodigios", de Eduardo Mendoza es una
de las novelas que más me ha complacido en los
últimos años, tal vez decenios. A punto he estado
de limitar la afirmación con la fronteriza apostilla
'escrita en castellano' pero me he cortado a tiempo,
un tanto aburrido por esos productos de otras
lenguas -con excepción de los salidos de las manos
de Bernhard, Coetzee o Gardner-
que guardan entre su formato exterior y su reclamo,
por una parte, y su contenido, por otra, la misma
relación que ciertos melones. Casi toda la novela
reciente que he leído sabe a pepino; en contraste,
la de Mendoza sabe como aquellos ya inencontrables
frutos de Villaconejos, productos del secano
sin la menos intervención del laboratorio y con
gusto hasta la misma corteza; con un gusto uniforme,
que nunca cansa; con esa mezcla de levedad y consistencia
que invita, con cada bocado, a seguir degustándolo."
Juan Benet, "Saber leer", enero de 1987.