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Posible imagen de Ana María Matute
Por Pere Gimferrer

En el recuerdo de aquellos años, Barcelona era una ciudad en la que hacía mucho frío. Estoy hablando de mi adolescencia, y ninguna época resulta más adecuada que ésta para hablar de una escritora…

 


En nombre de la amistad
Por Esther Tusquets

Conocí a Ana María Matute el año 60. A ella terminaban de darle el Premio Nadal con “Primera memoria”. Y a mí me había llovido del cielo, en forma inesperada, una recién nacida editorial. Poco antes había pasado yo cuarenta días en cama.



La maga cuentacuentos
Por Juana Salabert

scribí en el libro de Laura Freixas, “Retratos literarios”, a propósito de Ana María Matute que “a veces, muy pocas, ocurre que llegamos a amar a un autor tanto como a sus textos”. Yo era muy joven cuando conocí a la hermosa autora de “Primera memoria” y, recuerdo ahora, cuando ha pasado tanto tiempo y la amistad botada en una exacta tardenoche invernal ha doblado todos los cabos de la vida y surcado intacta el oleaje de los años, sus ojos rientes de navegante, de fabulista. Unos ojos inquietos de muchacha, acaso porque, como decía Onetti: “hay mujeres que nunca terminan de matar a la muchacha que llevan dentro”. Y ella, Ana María Matute, grande entre los grandes en el país de las palabras y uno de los seres más inteligentes, divertidos y entrañables que me ha sido dado a conocer, se ha salvado del maleficio de la edad y de cualquier clase de engolamiento, sin duda porque no ha perdido nunca su inmensa capacidad de curiosidad. Tal vez por eso, sus personajes, a lo largo y ancho de una espléndida obra sin cesuras, operándose entre la falsa dicotomía de lo fantástico y lo real, son a veces videntes pese a sí mismos, como uno es siempre escritor contra, y a favor, a la par de sí mismo, en un intento reiterado en cada libro de ganarle la partida a la temida palabra fin. De “Fiesta al noroeste” a “Olvidado rey Gudú”, ese relato de relatos en el sentido más quijotesco del término que atraviesa la línea del märchen con las materias de que están hechos los sueños, la poética matutiana le da la vuelta a los mitos fundacionales y saca a la luz todo el dolor, toda la rabia, toda la alegría del mundo al filo de un sutilísimo sistema de correspondencias.
Vidente, visionaria, artista y hermana de la vida, Ana María Matute supo siempre del sendero no trazado que conduce al corazón secreto del bosque. Y por eso, la aman las palabras, talismanes con que abolir el como si de lo existente y urdir el cuaderno de bitácora de lo mucho más real porque imaginario. Por eso cada encuentro con ella es un encuentro magnético, y conocerla fue quererla totalmente, a ella, la escritora más joven, la maga cuentacuentos, la amiga fantástica de las noches blancas de risas, decires y mil y una querencias compartidas. Qué alegría, entonces, volver a decirte, una vez más, con admiración y amistad no envarada: “enhorabuena muchacha”.

La Matute y los niños
Por Pedro Manuel Villora

La Matute es mala y perversa, parece una bruja; cuenta historias de niños que mienten, de reyes soberbios y vanos, de cobardes y perezosos que merecen castigo...

Premio Manuel Azaña de Periodismo dentro de la XXXIX Edición Premios Ciudad de Alcalá.

 

Inolvidable Reina Matute
Por Pedro Manuel Villora

Erase una vez una niña de cinco años que "cogía una hoja de papel, la doblaba en cuatro, le colocaba el hierrecillo que sujetaba las páginas del periódico ABC, y escribía un cuento".

 


El trasgo
Por Espido Freire

Nadie finge el papel de abuela con tanta credibilidad, con tanta ternura como Ana María Matute. En las conferencias, en las entrevistas, con su pelo blanco de corte convencional, los trajes estrictos…

 


Sobre “Biblioteca Ana María Matute”
Por Ana María Moix

Escritora dotada de una sensibilidad exquisita pero también de una implacable ironía para delatar la crueldad de un mundo dominado por la injusticia, y poseedora de una escritura apasionada, lírica y acerada…

 


La única mujer en la Academia
Por Rosa Montero

o se llamen a engaño: esta mujer pulcra y elegante, de melena blanquísima, que parece flotar a dos palmos del suelo, por encima de los barrizales y los problemas; esta señora tímida, proclive al asentimiento y a la sonrisa, que suele hacerse la niña y la inocente, es una persona complicada y profunda que conoce el dolor y atravesó el infierno. La vida de Ana María Matute nunca ha sido fácil, ni en la niñez, carente de cariño, ni en la plenitud de la edad, cuando era una mujeres bellísima y triunfante cuyo nombre llegó a barajarse para el Premio Nobel. Graves problemas personales, pérdidas y depresiones la silenciaron durante veinte años. “El sufrimiento enseña”, me dijo hace algún tiempo, “pero sólo si sobrevives; porque lo malo es que el sufrimiento suele matar”. Ella supo sobrevivir, y ha renacido ahora de las cenizas; es académica de la Lengua (la única mujer de esa vetusta institución), y escritora de éxito, y hada buena. La inocencia que hoy exhibe, en fin, es un logro de la voluntad, una reconquista.


El poder de crear
Por Rafael Conte (de “Biblioteca Ana María Matute”.)

Definitivamente recuperada para nuestra vida literaria y bien instalada en su flamante sillón de la Real Academia Española, donde por ahora ocupa en solitario el puesto que representa a todas nuestras abundantes escritoras…



© Ana María Matute 2007 | www.anamaria-matute.com



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