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ENTREVISTA
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La Vanguardia (19/06/1998)
“Yo me he caído
de alguna galaxia”
Señora académica,
¿ve a menudo a su colega Cela?
Alguna vez nos cruzamos en la Academia, tomamos
un café…
¿Qué le
parece la que ha liado al hablar del centenario
de Lorca?
No hablaré de eso. Yo sólo hablo
de literatura
Ah. Pues, ¿qué
le parece la literatura de Cela?
Me parece un gran escritor
¿Y qué
le parece como persona?
Quiero mucho a Cela. En el fondo, es intrínsecamente
bueno. En un momento terrible de mi vida, hace
muchos años, él y su primera mujer,
Rosario Conde, fueron para mí como un padre
y una madre. Fueron los únicos que me ayudaron.
No lo olvido. Soy agradecida y no diré
una palabra contra Cela.
Lo que dijo sobre Lorca
y los homosexuales…
…
¿Qué significa
Lorca para usted?
Yo tenía ocho años cuando, un día,
en el colegio, antes de la guerra, una maestra
nos trajo un poema. Era de Lorca, aquel de “la
Luna se fue a la fragua”. ¡Me impresionó!
¡Era tan diferente a todo! Cuando lo mataron,
me estremecí. Era una figura extraordinaria.
¿Por qué
fue terrible el pasaje de su vida al que aludía?
Prefiero no hablar de ello.
Pues volvamos a la Academia.
¿Qué tal está ahí,
como única mujer entre hombres?
Es un lugar muy agradable con gente muy agradable.
Me dicen que estoy ahí por mis méritos,
no por ser mujer. Pero yo esto allí como
en todas partes: sin saber muy bien por qué.
Yo me he caído de alguna galaxia.
Me parece que se siente
usted de otro mundo, más que de éste.
Sí. Desde niña me sentí en
otra parte: veía el mundo como desde un
palco, nunca desde dentro. Yo era una niña
con muchos miedos, era tartamuda…
¿Y cómo
se curó?
Me curaron los bombardeos de la guerra. Mis padres,
mis hermanos y yo nos cogíamos de las manos
y nos pegábamos a la pared maestra, a ver
caer las bombas alrededor.
Habría también
momentos gratos…
Había un castigo que consistía en
encerrarme en un cuarto oscuro. ¡Pero para
mí era muy agradable! Allí dentro
yo vivía una vida agradable. Los contornos
de los armarios cambiaban de forma, la realidad
se transformaba…
¿Vive usted todavía
en su infancia?
A mí me empujaron fuera de la infancia,
pero algo de mí sigue allí. La infancia
no es una etapa de la vida: es un mundo completo,
autónomo, poético y también
cruel, pero sin babosidades.
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Cuándo llega
la noticia de que un niño ha matado a otro,
¿qué piensa?
Me da pena, porque significa que no hemos avanzado
nada. Siempre ha habido niños que han matado.
Estamos como en el siglo X.
Como en “Olvidado
Rey Gudú”, su última y muy
vendida novela.
Las ideas y las ideologías pasan y mueren.
Lo que no cambia son los sentimientos: el ansia
de poder, la envidia, los celos, el odio, el amor…
Son hoy igual que en el siglo X, y todo eso está
en mi novela, con forma de cuento de hadas.
Aunque con personajes
más brutos.
Ay, hijo, ¿no conoces tú hoy a gente
de apariencia muy fina pero que son bestias increíbles?
Yo sí, yo sí, yo sí.
¿Ha sido usted
cruel alguna vez?
Cuando me enfado puedo decir cosas muy crueles
de las que me arrepiento mucho luego…
¿Por ejemplo?
Una vez, de niña, le dije a un niño
que no le quería, y era mentira. No iba
a volverle a ver. No sé por qué
lo dije, pero aún pienso en él a
menudo…
¿Tiene sentido
de culpa? ¿Reza?
Rezo cada noche a mi ángel de la guarda,
que aún no sé cómo se llama.
Busco su nombre hace años. Yo fui católica,
luego me hice atea, pero eso era muy poco divertido…
y, bueno, ahora me lo amaño a mi manera.
¿Cree en la vida
en el más allá?
No puedo creer que mi parte no corruptible acabe
con el resto. Necesito y deseo creer que eso perdura,
no sé cómo ni dónde.
Perdura en los libros,
¿no?
La verdad es que “Olvidado Rey Gudú”
es el libro que desde niña quise escribir,
y ahí está todo lo que soy, está
Europa, la cultura de la que vengo.
¿La Europa de
Maastricht?
Cuando oigo hablar de eso me suena rarísimo.
Dicen: “ahora que somos europeos”.
Oiga, eso usted: yo he sido europea siempre, desde
que leía a Andersen de niña.
¿A qué
parte de Europa viajaría este verano?
He viajado ya tanto… Hijo, lo que me gusta
es quedarme en casa, en ese sillón, haciendo
el crucigrama de La Vanguardia, de Fortuny. Dígale
que me lo paso fenomenalmente, que es un cachondón.
Son difíciles, pero he cogido el tranquillo
y los saco.
(Entrevista
de Víctor-M. Varela)
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Ana María Matute 2007 | www.anamaria-matute.com |
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