”Escribir es siempre protestar, aunque sea de uno mismo”

na María vive en un sobreático con temperatura de placenta, como un refugio encaramado en los cielos de Barcelona donde se estuviese gestando el embrión de la literatura. Ana María Matute sale a recibirme escoltada de perros que, con sus ladridos, acrecientan el aturdimiento que me ha producido el viaje en avión. Ana María Matute es hospitalaria, escandalosamente hospitalaria, y sus palabras se van posando sobre el visitante como un bálsamo benefactor, aplacando su confusión y también el saludo estrepitoso de los perros; en su mirada, en su voz en sus gestos anida una vigorosa fragilidad que contagia a cuantos la rodean: aunque camina apoyada en una muleta (aún sufre las secuelas de una fractura de tobillo), transmite una sensación casi apabullante de juventud.


“Jamás me vi como académica de nada”

uelvo a casa de Ana María Matute, esperando encontrármela descacharrada por los ajetreos promocionales de “Olvidado Rey Gudú”, y me topo con una mujer que parece estar recuperando la esbeltez, ebria de generosidad y divagatoria de sonrisas que introduce como asomos de una complicidad que arraigó entre nosotros desde el principio. Ya apenas se apoya en la muleta que mitiga su fractura de tobillo y que durante años la ha acompañado por regiones que apenas existen en los mapas; a veces, en el calor de la conversación, la blande como si fuese un cachivache inservible, o la deja olvidada en cualquier recodo del Parque Güell, entre la vegetación que contribuye a camuflar los caprichos arquitectónicos de Gaudí.


El regreso del cometa

e digo que es una especie de hada, y ella dice que no, que es una bruja, que no hay más que ver el aspecto que tiene. Una bruja buena en todo caso, respondo no muy convencida, y ella cierra el debate reclamando para sí el título de hechicera. De acuerdo, no se diga más: hechicera Matute.


“Lo peor en este mundo es sobrevivirse”

na María Matute vive en una casa muy grande que al visitante puede parecerle muy pequeña si no se asoma al pasillo, y yo no lo hice. Pero sí me asomé a todas las fotos que la escritora tiene expuestas sobre una mesa redonda en número tal que parecen ser algo más, mucho más, que un mero adorno. Me parece que son las imágenes de esa memoria que la acompaña las que le permiten conservar casi intactas la timidez, la vehemencia, la desbordante gestualidad de sus manos y de su cara.


“Hoy se escribe peor”

a buena literatura es cuestión de talento. No tienen ninguna duda Ana María Matute y el Nobel Camilo José Cela, dos académicos que han marcado la narrativa española de la última mitad de siglo y que en esta breve conversación aseguran que la literatura no es una profesión, sino una forma de vivir y admiten que no les es posible imaginarse a sí mismos siendo otra cosa que escritores.


© Ana María Matute 2007 | www.anamaria-matute.com

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