| J.
S. Volviendo al arte de escribir novelas, ¿cómo
es el proceso de creación de un personaje? |
| |
| J. R. No puedo saber hasta ahora
qué es lo que me lleva a tratar los temas
de mi obra narrativa. No tengo un sentido crítico-analítico
preestablecido. Simplemente me imagino un personaje
y trato de ver a dónde este personaje,
al seguir su curso, me va a llevar. No trato yo
de encauzarlo, sino de seguirlo aunque sea por
caminos oscuros. Yo empiezo primero imaginándome
un personaje. Tengo la idea exacta de cómo
es ese personaje. Y entonces lo sigo. Sé
que no me va a llevar de una manera en secuencia,
sino que a veces va a dar saltos. Lo cual es natural,
pues la vida de un hombre nunca es continua. Sobre
todo si se trata de hechos. Los hechos humanos
no siempre se dan en secuencia. De modo que yo
trato de evitar momentos muertos, en que no sucede
nada. Doy el salto hasta el momento cuando al
personaje le sucede algo, cuando se inicia una
acción, y a él le toca accionar,
recorrer los sucesos de su vida. |
 |
|
 |
|
J. S. Cambiando un poco el
enfoque de esta conversación, ¿diría
usted que "Pedro Páramo" es novela
de negación?
|
J. R. No, en lo absoluto. Simplemente se niegan algunos
valores que tradicionalmente se han considerado válidos.
Para mí, en lo personal, estos valores no lo son.
Por ejemplo, en la cuestión de la creencia, de la
fe. Yo fui criado en un ambiente de fe, pero sé que
la fe allí ha sido trastocada a tal grado que aparentemente
se niega que estos hombres crean, que tengan fe en algo.
Pero en realidad precisamente porque tienen fe en algo,
por eso han llegado a ese estado. Me refiero a un estado
casi negativo. Su fe ha sido destruida. Ellos creyeron alguna
vez en algo, los personajes de "Pedro
Páramo", aunque siguen siendo creyentes,
en realidad su fe está deshabitada. No tienen un
asidero, una cosa de donde aferrarse. Tal vez en este sentido
se estima que la novela es negativa. Esto me hace pensar
en aquellas personas que piensan que la justicia más
justa es la mejor de todas las justicias, cuando es la más
grande de las injusticias. Así, en estos casos la
fe fanática produce precisamente la antifé,
la negación de la fe. Debo hacer una advertencia.
Yo procedo de una región donde se produjo más
que una revolución -la Revolución Mexicana,
la conocida-, en donde se produjo asimismo la revolución
cristera. En ésta los hombres combatieron unos en
contra de otros sin tener fe en la causa que estaban peleando.
Creían combatir por su fe, por una causa santa, pero
en realidad, si se mirara con cuidado cuál era la
base de su lucha, se encontraría uno que esos hombres
eran los más carentes de cristianismo.
|
J. S. Puesto que ya se refirió
a su región (Jalisco), ¿no quiere elaborar
un poco la personalidad histórica de esa zona?
|
J. R. Sí, porque hay que entender la historia para
entender este fanatismo de que hemos venido hablando. Yo
soy de una zona donde la conquista española fue demasiado
ruda. Los conquistadores ahí no dejaron ser viviente.
Entraron a saco, destruyeron la población indígena,
y se establecieron. Toda la región fue colonizada
nuevamente por agricultores españoles. Pero el hecho
de haber exterminado a la población indígena
les trajo una característica muy especial, esa actitud
criolla que hasta cierto punto es reaccionaria, conservadora
de sus intereses creados. Son intereses que ellos consideraban
inalienables. Era lo que ellos cobraban por haber participado
en la conquista y en la población de la región.
Entonces los hijos de los pobladores, sus descendientes,
siempre se consideraron dueños absolutos. Se oponían
a cualquier fuerza que pareciera amenazar su propiedad.
De ahí la atmósfera de terquedad, de resentimiento
acumulado desde siglos atrás, que es un poco el aire
que respira el personaje Pedro Páramo desde su niñez.
Ahora, para cerrar esta plática, vuelvo al punto
del posible negativismo de Pedro
Páramo. No creo que sea negativo, sino más
bien algo como lo contrario, poner en tela de juicio estas
tradiciones nefastas, estas tendencias inhumanas que tiene
como únicas consecuencias la crueldad y el sufrimiento.

Publicado originalmente en Siempre!
La cultura en México, núm. 1,051 (15-VIII-1973),
pp. VI-VII.
(Juan Rulfo respondió por
escrito a esta entrevista).
|