Entra en Clubcultura
       >> Visita nuestras páginas oficiales 
juan rulfo
MENÚ NOTICIAS  
Otras ediciones
Versiones
Premios y concursos
1999
1998
1997
1996
CRÍTICA LITERARIA

Pedro Páramo en el siglo XX

La cercanía del año 2000 propició la reflexión, en 1999, sobre lo que podría llamarse un balance del siglo XX en diversos renglones de la cultura. (Ya en agosto de 1998 un diario mexicano, La Crónica, publicó el resultado de una encuesta entre escritores y críticos de nuestro país en la que Pedro Páramo era considerada como la novela mexicana más importante del siglo XX.) El nombre de Juan Rulfo apareció, en este contexto, de manera destacada. En orden cronológico puede mencionarse en primer lugar al prestigioso semanario alemán Die Zeit, que invitó a destacados autores a escribir sobre el que considerasen su "libro del siglo". El 26 de agosto de 1999 el suizo de lengua alemana Urs Widmer -cuyo texto incluímos aquí- publicó su colaboración (que nos fue enviada por André Stoll), la número 35 de la serie, en la que se decidía por Pedro Páramo. Es curioso que un colaborador del suplemento "Babelia" del diario español El País no reparase en este texto al citar la serie del semanario alemán. Su comentario del 24 de diciembre de 1999 inicia así: "La revista Focus y el semanario Die Zeit son los únicos entre los grandes periódicos de Alemania que publican listas con los libros más importantes del siglo." Agrega que Focus reproduce varios listados, y no uno propio: en uno de ellos, hecho por Bertelsmann, aparecen ciertos autores latinoamericanos, pero en general brilla por su ausencia la literatura en lengua española. En cuanto a los seleccionados por los escritores invitados de Die Zeit comenta Von Berenberg que "también aquí sorprende la ausencia de autores como García Márquez, Cortázar o Borges." Pero no advirtió el comentarista, como ya dijimos, que sí figuró Juan Rulfo. Y es probable que haya sido el único autor de nuestra lengua en la serie de Die Zeit.
A finales del año, el 20 de diciembre de 1999, Javier Casado, corresponsal de la agencia informativa mexicana Notimex en Madrid, publicó los resultados de una breve encuesta que resumió así: "El escritor argentino Jorge Luis Borges y la novela Pedro Páramo, del mexicano Juan Rulfo, son considerados por autores, editores y críticos españoles como el mejor autor y el mejor libro en lengua española de este casi agonizante siglo XX.
"Cientos de autores y miles de obras de más de una veintena de países a lo largo de todo un siglo dan para muchas opiniones, más en un mundo tan subjetivo y propicio para la discusión y polémica como el de la literatura.
"Pero Borges y Pedro Páramo fueron los nombres más repetidos en una simbólica encuesta realizada por Notimex entre una pequeña pero significativa muestra de escritores, editores y críticos, abrumados ante la necesidad de escoger sólo un autor y un título."
Javier Casado cita a la directora de la editorial Alfaguara, Amaya Elezcano, quien propone a Borges y Pedro Páramo, precisamente, como mejor autor y mejor libro de lengua española del siglo XX. Comenta que "hasta sus más acérrimos detractores reconocen que Borges marcó un antes y un después en la literatura universal, como también lo hizo Pedro Páramo, calificada como 'una novela perfecta' por el escritor y crítico José María Guelbenzu.
"Guelbenzu destacó que a esta novela 'no le sobra ni le falta nada, ya que se permite el lujo de ser poética sin perder una sola cualidad narrativa.'
"'Es una novela llena de palabras que, en el fondo, de lo que trata es del silencio, lo cual me parece también milagroso', añadió el escritor, quien consideró que estas virtudes hacen merecedor a Pedro Páramo del título de mejor libro del siglo.
"En coherencia con esta selección, Guelbenzu opinó que el mejor autor del siglo debería ser Juan Rulfo, por el mero hecho de haber creado esa novela y ese universo personal que es Comala.
"Rulfo (1917-1986) encarna a la perfección el prototipo de genio autodidacta, y demuestra que las obras no se miden por su tamaño sino por su calidad, precisó.
"Con sólo dos títulos, el libro de relatos El Llano en llamas (1953) y Pedro Páramo (1955), el autor mexicano se hizo un sitio junto a Borges en el 'Olimpo' de las letras, apostilló."
Poco después de la breve encuesta de Javier Casado, el 24 de diciembre de 1999, "Babelia", el ya citado suplemento cultural del diario español El País publicó el resultado de una consulta realizada a "17 de los críticos y expertos que colaboran habitualmente en sus páginas", en la que mencionarían los que, en su opinión, podrían ser considerados los diez mejores libros escritos en español -en narrativa, poesía y ensayo- y publicados en el transcurso del siglo XX." El suplemento aclara que los participantes pidieron que las listas resultantes "no deberían tener ningún carácter jerárquico, distanciándose, por tanto, de cualquier tipo de ranking." No obstante la última precisión, "Babelia" destaca que "una de las conclusiones es que dos de los grandes autores que no recibieron el Premio Nobel de Literatura aparecen como los más citados por obras escritas a mediados de la centuria: Juan Rulfo por Pedro Páramo (1955) y Jorge Luis Borges por El Aleph (1949) o Ficciones (1944). La obra en la que más coinciden los consultados (once veces) es Pedro Páramo, del mexicano Juan Rulfo." En realidad las menciones de la novela de Rulfo en la consulta son doce: las de Francisco Calvo Serraller, Ignacio Echevarría, Joaquín Estefanía, Miguel García Posadas, José María Guelbenzu, Santos Juliá, Mercedes Monmany, Justo Navarro, María José Obiol, Manuel Rodríguez Rivero, Angel Rupérez y Enrique Vila-Matas.

Urs Widmer nació en 1938, en Basilea, y es un conocido narrador y crítico literario. Ha publicado: Alois (1968); Die Amsel im Regen im Garten (1971); Das Normale und die Sehnsucht. Essays und Geschichten (1972); Die Forschungsreise. Ein Abenteuerroman (1974); Schweizer Geschichten (1975); Das enge Land (1981); Indianersommer (1985). Su última novela es Im Kongo. El siguiente texto es el que escribió para la ya mencionada serie de Die Zeit aparecida en 1999.

MI LIBRO DEL SIGLO
Urs Widmer: Pedro Páramo de Juan Rulfo

Pedro Páramo es un libro que he leído por lo menos cuatro veces y que, a pesar de ello, no llego a "comprender". Tiene un misterio que me conmueve de manera extraordinaria y que aún no he logrado descifrar por completo. ¿Será el lenguaje cargado de magia de Rulfo? ¿El poder de lo que se relata? ¿La empatía de Rulfo con el destino de los miserables de su país? Ahora bien, una de las razones de mi conmoción -irritada- se encuentra seguramente en el hecho de que en el libro ya nadie está vivo, ni siquiera, sospecho, el narrador mismo. Todos muertos. Unos muertos narran el mundo de los muertos que, alguna vez -como nosotros ahora- estuvieron vivos. El mundo de Pedro Páramo me recuerda, justamente por esta razón, La clase muerta, de Tadeusz Kantor: se trata de una obra para la escena, pero también allí nos damos cuenta, de manera abrupta, de que todos los personajes, de cuyos destinos estamos participando -los aparentemente presentes- están muertos desde hace tiempo.
La pequeña novela de Rulfo, más bien una narración, se desarrolla en México bajo el régimen dictatorial de Porfirio Díaz, tan grato a los latifundistas y que para los demás significaba el infierno. Una revolución lo hizo caer en 1911, y el libro -todo parece indicarlo- relata los años anteriores. Pedro Páramo es un latifundista en un solitario altiplano abandonado por los dioses y al margen de toda jurisdicción humana, un lugar extremadamente miserable, incluso en los términos de entonces. Por más soñadora, por más sonámbula que sea esta maravillosa pequeña novela -una pesadilla, un azote, poesía pura- es también la descripción real de la miseria de los campesinos mexicanos. Una pobreza indescriptible, una muerte en vida, apenas consolada por una iglesia inerme o corrupta.
El narrador -en primera persona-, que entra tambaleándose en este mundo de la muerte porque es un hijo de Pedro Páramo, o cree serlo, o está obligado a serlo, se entera poco a poco de quién era su padre: un cruel explotador que pasaba sus noches siempre con nuevas mujeres. Ahora bien, hay una, Susana, que no logra obtener. Pero Susana paga su resistencia con la vida, incluso cuando, de manera excepcional, Pedro Páramo trata de evitar esa muerte. En el mundo de Pedro Páramo no hay otra moneda que la vida y la muerte.
Aquel hombre también está muerto desde el principio. Al final su historia será recapitulada de tal modo que también habremos de saber cómo murió. Se lo merecía, ese cerdo. Los muertos nos han narrado la muerte de alguien que desde hace tiempo está muerto. "Dio un golpe seco contra la tierra y se fue desmoronando como si fuera un montón de piedras." Así termina el libro. Había sido un hombre atroz, un verdugo, un cínico libidinoso. Un hombre del poder. Y sin embargo, también para nosotros los lectores -y no sólo para las mujeres, a veces, aunque no nos guste admitirlo- tiene esa fuerza de seducción que irradia el poder: pertenecer a los vencedores y no a las víctimas es algo que no deja de atraernos, a menudo con catastróficas consecuencias.
Juan Rulfo vendría a ser como el padre de la tribu de aquellos jóvenes autores latinoamericanos cuyo "realismo mágico" los hizo famosos. He aquí un buen término ("realismo mágico") para definir lo que hace Rulfo. Gabriel García Márquez, especialmente, se ha referido a lo mucho que ha aprendido de Rulfo. Es cierto. La magia y el realismo se entremezclan en la obra maestra de Rulfo de la manera más natural. El libro es como la descripción -no interpretación- de un sueño, en el momento mismo en que el autor -y con él su lector- lo está soñando.
Y como sucede con las obras maestras... Después de Pedro Páramo, que Rulfo escribió en 1955 a los 37 años, ya no vino nada. Rulfo permaneció callado, y si no ha muerto, seguirá callado.
(Traducción: Elisabeth Siefer)

En la misma línea de evaluación de la literatura del siglo XX, el diario español El País publicó, el 8 de agosto de 2000, las listas de los 20 libros, escritos en cualquier lengua, más importantes del siglo XX, según el cubano Guillermo Cabrera Infante, y en ella incluía el autor cubano la novela Pedro Páramo. Simultáneamente, el peruano Alfredo Bryce Echenique enumeró 16 títulos de obras escritas en español solamente, que, en su opinión, eran las más destacadas del mismo siglo. En ella aparecen El Llano en llamas y Pedro Páramo.
Un poco antes, el 7 de junio de 2000, los lectores del diario mexicano Reforma habían entrevistado en una charla por internet a Arturo Pérez-Reverté, quien respondía así a una pregunta sobre su conocimiento de la literatura mexicana: "Es una lástima que en España la literatura mexicana sea muy poco conocida. Añadiré que para mí fue una auténtica conmoción leer Pedro Páramo. Creo que es la mejor novela escrita en América en lengua española."

El mismo diario mexicano publicó el 13 de octubre de 2000 una entrevista hecha por Mónica Delgado, en Paris, al recientemente designado Premio Nobel de Literatura de ese año, el autor chino Gao Xingjian. Reproducimos la siguiente parte de la entrevista:

M.D.: ¿Qué obras o autores han influido su universo literario?
G.X.: Hay tantos. Pero le puedo decir que entre los que más me gustan y más admiro están los latinoamericanos y, en particular, un mexicano que me gusta muchísimo. Lo leí en China, porque allá los autores latinoamericanos son muy traducidos. Hay uno que es maravilloso, pero espere, espere (frunce el ceño y junta las manos), no recuerdo exactamente su nombre.
M.D.: ¿Octavio Paz, Carlos Fuentes?
G.X.: Paz, claro que lo conozco. También he leído a Fuentes, claro. Pero no son ellos, espere.
M.D.: ¿Será Juan Rulfo?
G.X.: ¡Rulfo! ¡Eso! ¡Magnífico! Me gusta mucho, incluso cuando se publicó en China uno de sus libros escribí una crítica e hice un gran elogio de su arte. Es también alguien que yo considero universal. No lo siento lejano.
A los pocos días, la corresponsal de otro diario mexicano (El Universal) en París, Adriana D. Valasis, también entrevistó a Xingjian, y de lo publicado consideramos interesante el siguiente fragmento de una respuesta del escritor chino:
G.X.: Conocí a otro gran mexicano, también ya murió, Rulfo, y escribí un artículo sobre él, acerca del fantasma, los sueños, las pesadillas y la vida, todo revuelto y sagrado para el universo, pero vivo y verdadero.

En septiembre de 1999 la revista mexicana Equis, en su número 17, publicó la entrevista realizada quizá el año anterior (no se especifica el dato) por el periodista colombiano Boris Muñoz a Gabriel García Márquez en un hotel de la ciudad de Nueva York. Al final de la conversación se produjo este diálogo:
B.M.: Una pregunta más. ¿A qué se debe que los escritores, pese a todas las debacles, sigan conservando el prestigio y autoridad que los políticos y los otros líderes de la sociedad han perdido?
G.G.M.: Un buen escritor, un buen artista, logra perpetuarse cuando se identifica plenamente con determinada realidad, cuando es un personaje de su lugar y de su tiempo...
B.M.: "Yo soy yo y mi circunstancia", como decía Ortega y Gasset...
G.G.M.: Eso lo dices tú, no yo. Tu estás interpretando lo que yo digo -reclamó arrugando sus cejas sobre los anteojos de intelectual-. Yo no citaría ese ejemplo.
B.M.: ¿A quién citaría?
G.G.M.: A Dante, Cervantes y Juan Rulfo -afirmó para no dejar dudas sobre el linaje de su pluma-. Me están esperando arriba desde hace mucho rato -dijo, mirando el reloj por última vez.

En enero de 2000, en Madrid, Enrique Vila-Matas dijo algunas palabras en la entrega de un premio literario cuya divisa era el apoyo a la narrativa innovadora. La nota que apareció en el diario Reforma de México el 28 de enero, redactada por Carlos Rubio, recoge así una parte de lo dicho por el autor catalán: "Vila-Matas citó el caso de Juan Rulfo y su novela Pedro Páramo como un ejemplo crucial de literatura innovadora en este siglo, 'porque él parte de toda una tradición de narración rural mexicana, aparentemente, pero conforme se lee se llega a una gran sorpresa, donde se ve la evolución de la ruptura.'
"Sobre la creciente preocupación entre los escritores por hacer literatura dentro de la literatura, Vila-Matas advirtió que 'hay quien lo hace repitiendo viejas fórmulas', pero mencionó que en su nueva novela, Bartleby y compañia, de próxima aparición, él también lo hace.
"'En ella hablo de los escritores que renuncian a escribir, concretamente los casos más famosos, como Salinger, Rulfo o Rimbaud...'"
Poco después, en efecto, en febrero de 2000, apareció Bartleby y compañia, obra en la que Rulfo ocupa un lugar importante. Pero quizá lo más valioso del libro de Vila-Matas, en relación con Juan Rulfo, es que permite ver su caso de autor reticente para seguir escribiendo, tan recurrente en la crítica sobre su obra, fuera del terreno anecdótico en que se le ha querido ubicar eternamente en México. El erudito esfuerzo de Vila-Matas nos aproxima a algo menos excepcional de lo que se pensaría, contextualizando a Rulfo en una tradición literaria sui generis.

Página siguiente >>