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Manual de psicomagia

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Las ansias carnívoras de la nada

El maestro y las magas

La vía del Tarot

El niño del jueves negro

Piedras del camino

Psicomagia

El dedo y la luna

El tesoro de la sombra

Danza de la realidad: Psicomagia y Psicochamanismo

La Trampa Sagrada

Donde mejor canta un Pájaro

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Albina y Los Hombres-Perro

La Sabiduria de los Chistes

La sabiduría de los cuentos

El Paso del Ganso

POESÍA

TEATRO
 

ADELANTO DE MANUAL DE PSICOMAGIA
(CONSEJOS PARA SANAR TU VIDA)


28. Vivir con un adicto

Un alcohólico, un morfinómano, un ludópata o cualquier otro tipo de adicto a algo, es incapaz de amar con normalidad a otra persona. El amor sano es un intercambio equilibrado entre dos ganadores, pero los adictos –girando alrededor de sí mismos– establecen parejas en las que ellos son «un ganador » y quien los acompaña «un perdedor». El adicto exige cuidados y sacrificios, pide sin cesar (como los niños) pero es incapaz de dar.
Las personas que se atan a ellos no se aman a sí mismas. Es tan baja su autoestima que sólo creen que valen si se sacrifican ayudando a otro. Pero se mienten a sí mismas diciendo que el autodestructor lo agradece y que, cuando quede liberado de su adicción o vicio, las amará. En el fondo, habiendo sido niños no amados por sus padres, repiten el sufrimiento infantil, tratando por todos los medios de ganarse un amor que nunca les será dado. Aunque sepan que están malgastando su vida, motivadas por una compasión que encubre un doloroso deseo de ser reconocidas, pueden ser incapaces de cortar esta insana relación. Aconsejo entonces al/la consultante decir a la persona adicta:

(Si es una mujer:) «Tú estás enfermo. No soy ni tu esposa ni tu amante sino tu enfermera. A partir de hoy estaré siempre a tu lado con un uniforme de enfermera. Así vestida te acompañaré a todas partes, sea al ir a un restaurante, un cine, de compras, a casas de amigos, etc.». La consultante encerrará toda su ropa en un baúl y se vestirá de enfermera llevando colgado del cuello un medallón con la fotografía de la madre del adicto. (Si es un hombre:) en este caso, cada vez que el consultante esté con la adicta, se vestirá de enfermero llevando colgado del cuello un medallón con la fotografía del padre de ella.

 

49. Enfermedades familiares

Muchas personas que padecen enfermedades que han ido repitiéndose a lo largo de generaciones, las creen congénitas. Dicen por ejemplo: «Nosotros, los Pérez, nacemos con el hígado débil». O bien: «En nuestra familia todos sufrimos enfermedades cardiacas». La abuela muere de cáncer de pecho, e igualmente la madre y la nieta. El padre eructa continuamente y tiene pólipos en la nariz, y el hijo presenta igualmente estas dos molestias. Si un bisabuelo regresó de las trincheras de la guerra de 1914 con los pulmones roídos por los gases, muchos de sus descendientes sufren enfermedades pulmonares. Las familias constituidas como clanes, tienen vínculos e intereses comunes que deben proteger. Pertenecer a la tribu es tener la seguridad de ser amado y de que nada te va a faltar. Si uno de sus miembros comete una acción que socava esa unidad, será castigado con la expulsión. (En el inconsciente profundo se mantiene la creencia primitiva de que, en medio de la naturaleza agresiva, el excluido no puede subsistir. La exclusión se siente como una condena a muerte. El mayor castigo que puede dar la Iglesia es la excomunión. Este deseo inconsciente de no ser excluido de la comunidad, en familias donde la expresión amorosa no se manifiesta claramente, se expresa en «enfermedades comunes» que indican claramente la pertenencia al grupo. El cerebro, eludiendo el sufrimiento, entre dos males siempre elige el menor. Esto hace que el individuo pueda preferir padecer una enfermedad, a veces mortal pero que lo identifica como miembro de la familia, antes que vivir en el terror atávico de ser abandonado.) Así, aconsejo al/la consultante que:

Escoja un objeto cualquiera que represente su enfermedad (un libro pesado, un álbum fotográfico familiar, una piedra, un animal disecado, etc.), lo meta en una bolsa que, durante cuarenta días, llevará encima cada vez que salga de su casa. Al cabo de este tiempo, debe ir a la tumba de su antepasado más antiguo para depositar allí ese objeto, derramando sobre él un pequeño frasco de miel mientras pronuncia estas palabras

«Querido antepasado, no necesito tu enfermedad para estar unido a la tribu». Luego, enviará por correo a cada miembro de su familia un frasco de miel semejante al que ha derramado sobre el objeto que representaba la enfermedad familiar.