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UN ROBIN QUIJOTESCO
(MEMORIAS DE UN RODAJE)


¿Es Robin Hood un caballero andante? En la mayoría de las versiones de la historia es un bandido pero en Robin y Marian es un verdadero caballero andante que acaba de llegar de Las Cruzadas y que tiene la misma edad que Don Quijote. No creo que se trate de una mera coincidencia: Richard Lester era, como Orson Wells, un enamorado de la cultura española y había pasado años de su juventud errando por España e intentando tocar la guitarra como los andaluces. Al parecer nunca lo consiguió, pero sí que consiguió en Robin y Marian hacer una película verdaderamente quijotesca. La paliza que Robin recibe al final, y que es ya la antesala de la muerte, es una de esas palizas que obligan a entrar en razón y, como en la novela de cervantes, Robin muere poseído por una extraña lucidez, sin dolor, sin patetismo, sabiendo lo que ha ocurrido y lo que va a ocurrir.

Participé en casi todo el rodaje de Robin y Marian: primero cavando zanjas en el cerco de Artajona, luego buscando escenarios con el director artístico en la sierra Urbasa y otros lugares de Navarra, y más tarde sosteniendo pantallas blancas en el rodaje propiamente dicho. Asistí desde muy cerca al rodaje de la escena final, tras haber ayudado a construir el simulacro de monasterio donde se desarrolla, y me asombró que sólo se hiciesen tres tomas, ya que la primera era ya de una perfección difícil de repetir.

Trabajábamos hasta domingos, entre catorce y dieciséis horas al día, y hubo en el rodaje bastante hechos quijotescos. En una ocasión estuvimos a punto de matarnos en una carretera de la sierra, en otra ocasión Sean Connery estalló en un ataque de cólera como los del gigante que persigue a don Quijote, porque un eléctrico se había atrevido a acariciar a su lustroso perro. Y en lo que se refiere a Audrey Hepburn, resultaba tan inalcanzable como Dulcinea y sólo se dejaba ver cuando comenzaba el rodaje. En aquel entonces estaba obsesionada con la higiene, si bien más tarde consiguió domar esa obsesión y hasta viajó varias veces a África para llevar a cabo labores humanitarias, y España no le parecía precisamente el país de la higiene, de modo que lo pasaba mal y miraba a los eléctricos como a extraterrestres venidos de un planeta de antracita infecta.

A pesar de sus escrúpulos, más bien delirantes, o quizá debido a ello, no parecía mala persona, y conseguía concentrarse mucho en el plató, al igual que Sean Connery. Desde esa perspectiva, bien puedo decir que pocas veces he visto a profesionales tan admirables y con tantas tablas, y tanto en aquel entonces como ahora creo que Sean Connery podría hacer un excelente don Quijote, de hecho es un actor muy irónico y pocos escritores ha habido en la historia tan asombrosamente irónicos como Cervantes.

Ya dije que en Robin y Marian el antes boscoso bandido es ahora un caballero andante que llega de Las Cruzadas. Don Quijote no estuvo en Las Cruzadas pero sí que estuvo el caballero de El séptimo sello, el que juega al ajedrez con la muerte. ¿Y lo que le ocurre a Robin en la película de Lester no va a ser también un juego con la muerte en el que además va a perder?

Puede que en Robin y Marian haya guiños a Bergman o puede que no, en cualquier caso, estamos en las antípodas del cine sueco. Robin y Marian es irónica sin llegar nunca al sarcasmo, si bien puede rozar a veces el cinismo, y está llena de momentos humorísticos. La dialéctica del antihéroe esta muy bien configurada, y es ahí donde Robin y Marian se convierte, además de en una película quijotesca, una película cervantina y en la obra maestra de Richard Lester

Jesús Ferrero