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EL SÍMBOLO
DE LA RED
El modelo de la red nos es muy conocido,
y no es algo que aparezca precisamente ahora. Si observamos
la red de los pescadores desde una perspectiva horizontal
(cuando se seca al sol en los muelles) la red tiene mucho
que ver con un "rizoma": con un tejido horizontal
e inmanente; pero si observamos la red desde una perspectiva
vertical, la red se convierte en un árbol absorbente.
La red sólo es horizontal en tierra, en el agua tiende
a la verticalidad oscilante y en lugar de dejarse atrapar,
atrapa. No en vano, la red estuvo presente en las luchas de
gladiadores, como nos ha informado sobradamente Hollywood
en su películas de romanos.
El modelo de la red es también el que articula el evangelio
como misión. El hombre de Nazaret no les habla a sus
discípulos de tejer, les habla de pescar almas con
la red de sus palabras, que ya en la forma griega con que
llegaron a nosotros incluían altas dosis de humanismo
greco-latino. No debiera resultar paradójico el hecho
de que, en un determinado momento, una ideología con
protagonista extranjero fuese aceptada por la cultura romana.
Si se trataba de un humanismo, y por lo tanto de una teoría
sobre el hombre específico (o el hombre como especie
y como conciencia de su espacie), lo mejor era colocar en
el centro del madero a cualquiera: a un extranjero. Julia
Kristeva acierta al insistir en uno de sus libros que el cristianismo
paulino fue una doctrina de extranjeros, y que fueron los
extranjeros los que la difundieron por las inseguras ciudades
del Mediterráneo oriental, donde la vida valía
bien poco, y aún menos la de un extranjero. Para protegerse,
los extranjeros fueron creando una red. Las iglesias juaninas
y paulinas fueron en realidad una red, y los viajes de San
Pablo son las navegaciones por una red, nunca por un tapiz.
En casi todo Occidente, ya nos estamos desplazando como a
través de una red. Cuando los muchachos salen a divertirse
los fines de semana, no salen a un tapiz, salen a una red
(y por eso practican más el trapecismo), y sin embargo
tengo bastante conciencia de que, en mi adolescencia, yo salía
a un tapiz, incluso a un tapiz tediosamente reconocible, tediosamente
protector y punitivo.
Ahora hay menos protección, ahora hay menos tejido,
aquí y en cualquier sitio, por eso vuelve a aparecer
una vez más en nuestra historia el símbolo de
la red. 
Jesús Ferrero
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