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NARRACIÓN
DISPARATADA
El cuerpo social se articula siempre como un relato. Cada
época va tejiendo su relato, su relato de la vida cotidiana
y su relato más general.
Basta con acercarse a una hemeroteca para ver cómo
se va articulando el relato de cada época: lo que cada
época valoraba, lo que cada época manifestaba
u omitía, lo que veía y lo que no quería
ver.
Todas las evidencias y todas las ausencias quedan reflejadas
en el relato de cada época.
La literatura es también un buen territorio para explorar
el relato de una época. Y nuestra época ¿tiene
su relato?
Tenerlo lo tiene, lo único que ocurre es que parece
un relato irreal: una narración mitológica tejida
a partir de símbolos tétricos más que
de hechos en sí, más que realidades, sin argumento
y sin trama.
Aunque igual lo único que pasa es que la realidad se
ha vuelto simbólica. Suele pasar en las épocas
de mudanza de valores, de mudanza de criterio y de mudanzas
económicas.
Y suele también pasar en las épocas en las que
todo vale salvo la verdad.
De pronto nuestra opulenta sociedad occidental aparece amenazada
por plagas que recuerdan las de Egipto. En eso es como volver
a la época faraónica, cuando José ganaba
su sustento psicoanalizando al soberano y a sus ministros.
La plaga de las langostas pudo haber sido ya la célebre
nube radioactiva, que por respeto a la península ibérica
se detuvo en los Pirineos.
Y el sueño faraónico de las vacas flacas puede
tener su equivalente en las vacas locas. No me extrañaría
que cualquier día de estos apareciese también
el ángel exterminador.
Hace algunos años, Félix de Azúa dijo
que "Dios estaba apunto de aparecer". Es para pensárselo.
Las apariciones de gran envergadura suelen estar precedidas
por fenómenos extraños.
Pero lo más inquietante del relato de nuestros días
es que se está convirtiendo en una narración
monstruosamente elástica en la que cabe todo.
Y se está abusando tanto de esa elasticidad que se
está perdiendo el sentido de la sorpresa ante cualquier
atrocidad. Si, como pensaban los taoístas, la virtud
suprema es no extrañarse de nada, vamos a acabar volviéndonos
muy virtuosos 
Jesús Ferrero
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