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LA MORAL DIGITAL
Las morales que nos han precedido en la historia,
desde las más liberales a las más espartanas,
han estado presididas por el espíritu de la pesantez,
de la pesantez de la carne y la pesantez de la materia. La
moral (la costumbre) del poder ha sido, hasta la aparición
de la realidad virtual y el ciberespacio, una moral basada
en la creación de obstáculos para que nada,
ni personas ni mercancías, pudieran circular libremente,
inmediatamente, a la máxima velocidad posible. Fronteras,
aduanas, tasas y otras barreras burocráticas de flujo
del producto dicen mucho hasta que punto los estados han sido,
básicamente, controladores de la velocidad media de
personas y manufacturas en un territorio dado: controladores
de su movimiento. Parece asunto fabuloso el hecho de que el
movimiento se pueda poseer. Igual no se puede poseer, pero
que si se puede interceptar hasta el infinito.
Esa moral, que ha sido la moral fundamental de los estados,
todavía anclados en una concepción de patrimonio
territorial propia del Medievo, va a ser muy zarandeada por
la moral digital, que al ignorar completamente las fronteras,
imprime a la mercancía toda la velocidad que puede,
como también imprime toda la velocidad posible al sistema
de ofertas y demandas. Pero no sólo va a cambiar la
economía, también va a cambiar, y mucho, nuestra
relación con el tiempo y el espacio, con el pasado
y el futuro. Ahora mismo, estamos dejando tanta información
visual sobre nosotros mismos que, a partir de nuestras imágenes,
nuestros descendientes podrán fabricar androides digitales,
que hablarán como nosotros y que llevarán con
ellos toda la información posible sobre nuestra vida,
nuestra época, nuestras obras, nuestros amores, nuestros
desamores...
Esos androides elaborados a partir de las imágenes
que quedarán de nosotros serán muy numerosos
en el ciberespacio, y muchos de ellos entrarán a formnar
parte de la cibercultura de masas de la era digital. Algunas
vidas célebres y muchas no tan célebres podrán
verse con una transparencia detestable.
Habrá culturas a las que eso les parezca resucitar
a los muertos y prohiban esa nueva modalidad de reencarnación.
Porque si además de tener información, esos
androides tienen también razón, o un mecanismo
que la simule, ocurrirá que podrán hablar con
sus nietos y hasta darles buenos consejos. Algo que ya tiene
todo el rango de una pesadilla, y que justamente por eso no
debemos descartar. 
Jesús Ferrero
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