Logo Clubcultura
   Actualidad/Recomendaciones    Nuestras páginas oficiales    Blogs de Autor    Cultura Fnac

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player



MEMORIA Y CRITERIO

Pensar en lo que ha ocurrido con una parte importante de nuestra memoria fotográfica obliga a hacerse una pregunta: ¿lo que llamamos criterio artístico trae alguna ventaja para el arte y alguna ventaja para lo que no es arte? Por ejemplo, ¿enjuiciar la escritura desde un cierto criterio artístico ha traído alguna ventaja para la escritura como arte y para la escritura como mero vehículo de la memoria? Yo creo que no. Por culpa de un enjuiciamiento presuntamente artístico estoy convencido de que se han perdido muchos diarios íntimos de gran valor testimonial, y hasta de gran valor sin más, aunque su escritura no fuese la más adecuada desde el punto de vista artístico.

Lo mismo pienso de muchos edificios de arquitectura, llamémosla así, popular, que porque no entraban en los criterios estéticos de los profesionales de la arquitectura fueron demolidos sin el más mínimo escrúpulo. El criterio artístico, o su presunción, han sido también culpable de que hayan desaparecido cantidades increíbles de filmaciones, muchas de ellas caseras, otras no, que de no haber sido juzgadas bajo criterios estéticos, y por lo tanto desechadas, hoy conformarían parte importante de nuestra microhistoria. ¿Y qué decir a ese respecto de las fotografías? Desgraciadamente, la fotografía ha sido un territorio mal enjuiciado y mal examinado por la estética. En la fotografía ha privado su lado indiferente, más que su lado singular. En cierto modo vino a representar, por su instantaneidad y precisión, la mirada más indiferente de todas: la mirada inconcreta de Dios, o para decirlo de otro modo: la mirada de cualquiera, la mirada de Nadie, la mirada sin más. Y no hay que olvidar que para representar esa mirada se exige un cierto anonimato. Su adecuación al ojo y al instante convirtieron la fotografía en un arte poco valioso. De modo que sólo empezaron a ser conservadas las fotos que ilustraban hechos presuntamente relevantes, por un lado, y por otro las que parecían artísticas, en otros términos: las que parecían pictóricas. El despotismo de la visión estética, heredada de la pintura, fue tal que las fotos de hace ochenta años que se acercaban al dibujo o al bajorrelieve más que a la pintura fueron desestimadas por defectuosas, si bien vistas desde otra óptica podrían haber sido consideradas objetos de verdadero valor artístico, aunque de procedencia anónima. ¡Y qué desgracia que las obras anónimas desaparezcan con tanta facilidad! Es como perder la verdadera clave de la historia.


Jesús Ferrero