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LA ESCALERA DE GUJARAT

De todas las escaleras que he visto, ninguna me ha parecido tan extraña como una que existe en una fábrica de ladrillos de Gujarat, en la India, y que descubrí gracias a una fotografía de Nicolás Cornet.
La escalera se halla pegada a un muro que parece un trozo de la muralla china. Hombres y mujeres cargados de ladrillos suben por ella, y van depositando su carga en lo alto de la muralla.
La escalera, también de ladrillos, es de construcción tan tosca que parece un milagro que se sostenga. Todos los ladrillos que la componen están en equilibrio inestable, pero la escalera no se cae y los obreros (más bien los esclavos) siguen subiendo y bajando por ella.
La impresión que uno tiene, al ver el asombroso conjunto de la muralla, la escalera, los obreros, los capataces, es la de hallarse ante la torre de Babel y sus absurdos constructores. El trabajo que todos ellos hacen podría llevarse a cabo con un solo hombre y una sola máquina, pero en la India (como en China) sobra mano de obra, y por lo tanto sobran las máquinas.
Viendo la escalera de Gujarat, uno se enfrenta a una terrible paradoja: la de la inutilidad del esfuerzo.
Al parecer, y según reza el pie de la foto a la que me refiero, los hombres y mujeres que suben y bajan cargados trabajan en régimen de semiesclavitud para responder por deudas de las que se ha hecho cargo el constructor, y que muchos de ellos no podrán saldar ni siquiera trabajando el resto de sus días, ya que su sueldo es muy bajo.
La India es un cofre de sorpresas tan miserables como la que estoy describiendo y que nos incitan a mirar aquel subcontinente con piedad paternalista, como si sus problemas no fueran con nosotros. ¿Acaso nuestro sistema no es también una escalera de ladrillos inestables por la que subimos y bajamos para pagar una deuda que nunca saldaremos del todo? Y no me estoy refiriendo a esa deuda básica, fundamental, que todo ser adquiere con su propia existencia, y de la que tanto hablaron los existencialistas.
Nuestro sistema, como el de la India, se apoya en un tejido de deudas que se suceden unas a otras hasta el infinito o hasta el crack. Viva la libertad.


Jesús Ferrero