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EL
DISCO DE FESTOS
¡ESCUCHAD, AGUAS Y TIERRA! ¡GRECIA
SE ENFRENTA
A MUERTE CONTRA LOS BÁRBAROS! ¡OÍD TODOS!
¡VOSOTROS
DIOSES DE LAS AGUAS! ¡ESCUCHAD TODOS, PUEDE SER
EL FIN DE NUESTRO MUNDO...! ¡ESCUCHAD, AGUASY
TIERRA! ¡GRECIA SE ENFRENTA A MUERTE!
Si hemos de prestar algún crédito a lo que se
ha venido diciendo sobre el disco de Festos y de la traducción
que de su escritura ha hecho Steven Roger Fischer, nos hallaríamos
ante la obra más antigua de la literatura occidental,
escrita hace tres mil seiscientos años. Se trata de
una súplica, según Fischer, formulada en un
momento límite. Una súplica lírica, elevada,
y a la vez de una inmediatez pavorosa.
El disco se halla en el museo de Heraclión y es de
una inquietante belleza: miel exquisita para cualquier investigador
de la antigüedad griega. Los jeroglíficos se van
desplegando en él a través de una espiral, que
hace aún más vertiginoso su mensaje. Digamos
que además de una súplica en un caligrama: un
poema en forma de espiral, que evoca la espiral misma del
grito perdiéndose en una oscuridad cada vez más
honda.
Siempre según Fischer, el disco acaba diciendo:
¡UNÍOS A LOS GRIEGOS Y AS, ANIQUILAD
A LOS BÁRBAROS Y SOCORRED A MIS HERIDOS! ¡PROTEGEDME,
QUE EL MIEDO ME ASFIXIA! ¡HACEOS TODOS A LA MAR Y LIBRADME
DE MI DESDICHA!
Me asombra que el secreto del disco de Festos sea una súplica
en la que se implican los conceptos de civilización
y barbarie. Es un telegrama y a la vez es la representación
más antigua del llamado efecto Dopleer, ya que el disco
lleva en sí mismo, a la par que el texto, el dibujo
de las ondas que va dejando el sonido mismo de la llamada.

Jesús Ferrero
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