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EL
CRITERIO ARTÍSTICO
El hecho de ser novelista y dedicar buena parte de mi vida
a la novela no me ciega lo suficiente como para no admitir
que el criterio artístico referido a la escritura ha servido
para destruir una cantidad enorme de memoria colectiva y de
memorias personales y familiares. Tengo en mi familia un ejemplo.
Mi abuelo paterno estaba escribiendo un diario íntimo, desde
el punto de vista de un paranoico bastante agudo (en los dos
sentidos de la palabra). Cuando mi abuelo murió, tres de sus
hijos, que formaban una santísima trinidad de gran valor simbólico,
pues uno era sacerdote, otro militar y otro vendedor de biblias
(que en griego quiere decir libros), quemaron el diario por
su alto contenido escabroso. Al parecer mi abuelo tenía una
forma muy obscena de enjuiciar a todas las mujeres que conocía,
incluidas mi abuela y todas sus nueras, a las que consideraba
mujeres muy corrompidas, lascivas hasta el espanto y de una
muy desordenada vida interior, según me aseguró mi padre,
que pudo leer el diario. A los tres hijos de mi abuelo no
les parecía recomendable conservar aquella visión del mundo
en la que las mujeres de la familia aparecían tan impúdicamente
desenfocadas y deformadas, y quemaron el diario. La desaparición
de aquel texto fue para mí una pequeña, inmensa tragedia,
pues estoy seguro de que hubiese conformado la base de una
buena novela, pero me pregunto: ¿cuántas tragedias de esa
índole se habrán producido desde que se inventó la escritura?
Pienso que de no haber tenido a su favor cierto criterio artístico
según el cual el diario de mi abuelo no les parecía valioso,
sus hijos hubiesen sido algo más prudentes, y quizá hasta
lo hubiesen conservado. Pero, además de un texto obsceno,
les parecía un texto sin el más mínimo valor estético. Creo
que se equivocaron, y lo lamento. Desgraciadamente, el criterio
artístico está sometido a la misma precariedad que cualquier
otro sistema, y además de no resolver el problema de nuestra
herencia cultural, de lo que se debe conservar o no, padece
las mismas leyes temporales que lo que pretende atacar y lo
que pretende defender, y no es el recibo de ninguna forma
de eternidad. 
Jesús Ferrero
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