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LA CASA TRASPARENTE

La casa trasparente de Santiago de Chile representó todo un hito en lo que podría calificarse de buen arte conceptual. El concepto a representar era la trasparencia. Pero, ¿la trasparencia de qué? En realidad se trata de una trasparencia mental, pues no percibimos los pensamientos o los deseos del individuo que habita en la casa de cristal.
Lo que nos obliga a pensar que la trasparencia que se está conquistando ahí es, al igual que en Internet, una trasparencia absolutamente superficial, que atañe a las necesidades básicas del animal humano, pero nada más. Hace de esas necesidades básicas representación, y representarla con mayor o menor naturalidad no significa nada. Como mucho significa seguir en el teatro ordinario, el de todos los días.
En muchos aspectos, la casa trasparente sólo puede ser una metáfora, y la trasparencia a la que accedemos a través de sus paredes cristalinas es, por su misma evidencia, ilusoria. En realidad, vemos menos de lo que se puede ver justamente porque vemos más de los que se puede ver.
Pero no me extrañaría nada que en América ya hubiesen aparecido comunidades de asas trasparentes, de gente que quiere llevar una vida orgánica y presuntamente trasparente. No hay que olvidar que hay locos para todo y que todo lo que tiene cabida en nuestra imaginación corre el peligro de tenerlo también en la vida.
Puedo imaginarme una urbanización bien cerrada y bien resguardada por una red de guardias profesionales, donde todas las casas son completamente trasparentes para la vecindad. Puedes ver a tu vecino comer, dormir, amar, hacer sus necesidades, conversar con sus hijos, enfurecerse, alegrarse, demenciarse, volver a la normalidad...
Una comunidad así sólo tendría un problema: su inutilidad, ya que en una urbanización de casas ordinarias puede ocurrir lo mismo. Por más paredes que tengan esas casas, todo resulta más trasparente de lo deseable. Uno lo acaba sabiendo todo del vecino. Quiero decir: todo lo que se puede saber desde la simple observación esporádica.
No hace falta una casa de cristal para acceder al elemental discurrir de la vida cotidiana. Cualquier casa de la tierra es, para el que sabe mirar, una casa de cristal.


Jesús Ferrero