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ADICTOS A LA INTENSIDAD

La violencia que, según los estudiosos, se está produciendo ahora mismo en las alcobas puede ser observada desde dos territorios opuestos.
Uno sería el que indica Houellebeck en uno de sus ensayos, cuando dice que una amiga dedicada a estudiar el comportamiento de los animales le aseguró lo siguiente:
"Para reafirmar su potencia viril, el hombre ya no se conforma con la simple penetración. Se siente constantemente evaluado, juzgado, comparado con los demás machos. Para librarse de ese malestar, para llegar a sentir placer, ahora necesita golpear, humillar y envilecer a su compañera; sentirla completamente a su merced. El fenómeno empieza a observarse también en las mujeres".
El otro punto de vista sería el que le indicaba un sexólogo a una de mis amigas, y que se resume así:
"En nuestra sociedad cada vez se desea más el placer, pero al placer te acostumbras rápido, y para mantener la intensidad tienes que reforzar el estímulo, y hay gente que acaba buscando el dolor como única manera de sentir algo".
Según el primer punto de vista, la violencia íntima de la que hablan tan preocupados los sexólogos y los etólogos sería de origen socioeconómico; pero según el segundo punto de vista sería de origen hedonista y tendría que ver con la búsqueda de un placer más intenso. ¿Cuál de las dos perspectivas es la más adecuada? Cabe pensar que las dos se hallan estrechamente entrelazadas en un complejo tejido de pulsiones y pasiones, y también cabe pensar que en muchos casos se dan a la vez, y que son como las dos caras de la misma moneda.
El individuo de ahora mismo evita toda forma de dolor, salvo el que cae sobre él como una maldición: cuando le humillan en el trabajo, por ejemplo. Con toda seguridad pocos dolores le resultan tan intensos y tan feroces. E problema es que puede caer en la tentación de reproducir en la alcoba esa misma intensidad, ese mismo dolor. Al que ya se ha hecho adicto y del que puede necesitar varias dosis al día.
Las dos perspectivas de las que hablamos conducen, cada una por su lado, a un mismo e inquietante lugar, pues ambas indican que, ya sea por razones sociales, ya sea por razones personales, se está acentuando la espiral de la violencia en la intimidad. Y a buen entendedor, pocas bofetadas


Jesús Ferrero