El sentido de la vida27 Octubre 2009

Finalizado mi viaje por la noche lunar (y la noche personal, y la noche general), dejo de oír al fin el coro de los locos y regreso a mi más elemental realidad.
Estoy en mi casa, mirando la cara de un Buda lavable de plástico que me regaló un flautista chino en el Palacio de Verano. Lo observo y pienso en la cara lavable del tiempo y del espacio.
Entonces empiezo a preguntarme por el sentido de la vida, mientras saboreo té negro y ahumado, de una fragancia serena y recia, con mucha teína como a mí me gusta. Nací para beber té y puedo consumir litros. El estado del té, que se parece al estado zen, exige dosis que van mucho más allá del uso ordinario, moderado y occidental. En eso soy completamente chino.
Luego salgo a pasear por el bosque, con un libro en las manos. Vuelve el pensamiento sobre el sentido de la vida y me digo:
“Cuando la vida está en riesgo el único sentido de la vida es sobrevivir, pero cuando la vida no está en riesgo el verdadero sentido es vivir sin más.
“Pensar que el sentido de la vida tiene que sobrepasar la experiencia misma de vivir es una enfermedad parecida a la muerte.
“Pero la vida no se deja vivir en toda su potencia real si no evitamos en nosotros el efecto repetición.
“Todas las religiones y filosofías han sido creadas para evitar el efecto repetición, mas poco han logrado a ese respecto. El que en esta vida consigue no repetirse demasiado a sí mismo puede llegar a estados vitales y mentales que no se atreve a imaginar.
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