Acerca de Antonio Machado

[...] Algunos recordarán todavía aquel obligatorio catecismo de historia literaria con el que se escayolaba nuestra formación bachillera y mediante el cual enseñaba el cátedro textualmente: “Los hermanos Machado. Manuel (1874) y Antonio (1875-1939). Antonio es un estimable poeta, que ha escrito algunas obras de teatro en colaboración con su hermano Manuel”. Y ni una línea más acerca de Antonio Machado. Nada tiene de particular, por tanto, que para cuando yo descubrí en la Colección Universal, de Espasa Calpe y del año 1943, “Soledades, galerías y otros poemas”, hubiese ya leído la “Poesía (Ópera omnia lyrica)”, de Manuel Machado, en la sonrojante edición de la Editora Nacional.
Para entonces ya me sabía de memoria muchos de los poemas de don Manuel, en la práctica mi único Machado. Tuve la suerte por entonces de conocerlo y de acompañarlo durante algún paseo por los antiguos bulevares de Sagasta. Aquel adolescente idólatra, próximo ahora a la edad en que don Antonio murió, escuchó palabras de fervor y admiración por la persona y la obra del hermano, quizá enfatizadas menos por la mala conciencia que por el dolor. Así comenzó mi conocimiento de la poesía del “estimable poeta”, gracias a la pueril osadía de abordar por la calle a los venerables y a la rentabilísima inversión de 1,25 pesetas en la compra de un ejemplar de “Soledades”.
Mediante aquella pedagogía de la ocultación que nos afligía en los años miserables, cuando por cuenta propia descubríamos a un poeta auténtico soltábamos de inmediato el lastre de los poetas paradigmáticos, que hoy me avergüenza recordar cuánto me gustaban.
[...] Pero sigo convencido de que esta poesía trasparente en su transparencia atesora sabiduría y excluye la obviedad. Claro como su decir, Machado es un poeta hermético. En todo caso, no resultan congruentes ni su obra ni su vida con la superficialidad publicitaria, menos aún con la apropiación indebida y con la vocinglería con las servidumbres que el pensamiento raquítico ha impuesto a la claridad.
Algunos continuarán la excelente obra crítica que ha suscitado la poesía de don Antonio. Multitud de ciudadanos persistiremos en su lectura, en ocasiones con los oídos tapados. Los adolescentes encontrarán en cualquier biblioteca y en todas las librerías sus versos, que ya no serán para ellos los del segundo Machado. Quiero pensar que los fastos y las pompas terminarán en andrajos. Porque, al fin, el poeta es de todos, hasta de sí mismo, hasta de quien no lo merece. Y nadie merece menos a Antonio Machado que quienes lo manejan en exclusiva para sus tabarras y los despliegan a favor de un solo viento.

Juan García Hortelano
El País, 22/2/89

   
     
     
Juan García Hortelano © 2005
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