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 SOBRE EL MIEDO

Entre las obras que Kafka adolescente iba a ver representar en el teatro judÌo, estaba una farsa titulada "Los hombres que salieron a buscar el miedo". Iban a buscarlo, escribe el gran Alvaro Cunquerio, porque no lo conocían. Mientras tanto llevaban a cabo grandes hazañas, y consultaban reinos y riquezas sin cuento. Pero fue al regresar a sus casas cuando conocieron el miedo, a través de situaciones triviales o de pequeñas bromas. Pensamos que el miedo pertenece a los grandes sucesos, pero donde de verdad vive agazapado es en los hechos más comunes. En la enfermedad de los seres queridos, en los gestos de la ingratitud y en los corredores de la perfidia. Basta una sola palabra desdeñosa para que el miedo vuelva a reinar en el mundo. Está en la soberbia de los poderosos, en las palabras de los delatores, y en todos las maniobras de la humillación. No puede ser de otra forma, ya que, tal como Cunqueiro nos recuerda, citando a los chinos, el miedo siempre está de espaldas, que si estuviese de frente, no habrÌa nadie vivo, tal es su perfección y siniestra belleza: “Zapatos con suela de madera para el campo encharcado, zapatos de plata para la hierba del bosque y el campo, y calzado de oro para pisar el heno” ¿Quién querría encontrarse con alguien así?

 
Gustavo Martín Garzo © 2001
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