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 UNA CENA CON MARILYN

Isak Dinesen y Carson McCuller coinciden en 1961 en Norteamerica. Isak Dinesen realiza, estando ya muy enferma, una gira por varias universidades Americanas y Carson McCuller es su anfitriona en New York. Antes de viajar a su encuentro la escritora danesa le ha pedido un deseo: conocer a Marilyn Monroe, que en esos momentos está casada con el dramaturgo Arthur Miller. Carson McCuller organiza una cena en que las reune a las dos. Marilyn, acaba de terminar Con faldas y a lo loco, y su belleza está en su apogeo. Isak Dinesen, que tiene en ese instante 75 años, pesa poco más de treinta kilos y es delgada y frágil como una copa de champán, termina bailando con Marilyn encima de la mesa, ante la mirada divertida y asombrada del resto de los comensales. A Dinesen le encantó Carson McCuller y disfrutó conociendo a Arthur Miler, pero la verdadera impresión se la causó Marilyn. “No es que sea bonita -diría luego a una amiga-, aunque por supuesto lo es de un modo casi inverosimil, sino que irradia al mismo tiempo una vitalidad sin límites y una especie de increible inocencia. Me recordó a un cachorro de león que me trajeron en Africa mis criados nativos. No me quedaría con ella”.

 
Gustavo Martín Garzo © 2001
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