Gustavo Martín Garzo - Página Oficial
 

 EL CUARTO CERRADO

No creo que escribir sea muy distinto a soñar. Coleridge concibió un poema en que un poeta se traía una rosa de uno de sus sueños, y eso es lo que tratan de hacer todos los escritores que existen: traerse cosas de los sueños. Escribir (soñar) no es sustituir el mundo que conocemos, por otro más hecho a la medida de nuestros deseos o fantasías, sino hacer que esos deseos se hagan reales. No negar la realidad, sino volverla deseable.
Si tuviera que elegir una figura que representara a los escritores elegiría a la joven esposa de Barbazul. En este cuento un poderoso señor se casa con una ingenua muchacha. Le ofrece todo cuanto pueda desear, pero le pone una condición: en el palacio hay una pequeña puerta que nunca debe abrir. No parece mucho, y tal vez lo sensato habría sido conformarse, pero la muchacha, que gracias a Dios no es sensata, le roba la llave y abre esa puerta. Ese gesto funda la literatura. El escritor se comporta como esa muchacha. No es cierto que la literatura sirva para representar la realidad, sino para agrandarla. Que luego nos encontremos con una cuba llena de cuerpos despedazados son simples gajes del oficio. Se lee y se escribe, en definitiva, no para aprender, o adquirir alguna forma de poder, sino para recibir algo. Algo que no sabemos lo que es, pero a cuya llamada no podemos sustraernos a riesgo de renunciar a nuestra propia vida.

 
Gustavo Martín Garzo © 2001
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