El caso del novelista Thomas Hardy (1840-1928) es ciertamente singular. Autor de muchas y famosas novelas, entre las que puede destacarse Tess D’Urberville o Jude el oscuro, es casi un anciano cuando empieza a escribir libros de poemas. Desde entonces, hasta su muerte, escribe un total de 919 poemas, por los que llega a considerársele uno de los grandes poetas de la lengua inglesa. El trabajo del poeta es mostrar las desgracias o miserias que hay detrás de las grandes cosas, y la grandeza que hay detrás de las cosas más miserables. También encontrar la belleza en la fealdad, o la llamada del misterio en los hechos más insignificantes. Uno de sus poemas se titula El ciervo ante la casa solitaria. El poeta está en su casa, y siente como un ciervo se aproxima a ella cada noche. Un ciervo que ha cogido la tímida costumbre de abandonar el bosque y extasiarse ante las ventanas iluminadas por el fuego. Y el poeta descubre que vive para esperar cada noche ese momento. No creo que haya un poema que exprese de una manera más conmovedora y pura el misterio de la poesía, que no es sino sentirnos interrogados por las cosas. Un niño que siente la proximidad de los muertos y de los animales en la oscuridad del bosque mientras se ocupa de su propia vida, ese es el verdadero poeta.