Logo Clubcultura
   Actualidad/Recomendaciones    Nuestras páginas oficiales    Blogs de Autor    Cultura Fnac
Gustavo Martín Garzo - Página Oficial
Mis libros
Mis pelis
 

PUERCA TIERRA

John Berger

La producción del mundo
En uno de sus artículos sobre arte John Berger nos narra un encuentro con su amigo, el director de cine suizo Alain Tanner. Berger acaba de ver en televisión un programa sobre el actor alemán Bruno Ganz, y está furioso porque Ganz sólo hablaba de sí mismo y de sus humores. “¿De qué esperabas que hablara si no?, le contesta Tanner. “¿Sigues esperando que la gente hable del mundo? A estas alturas, nuestras personas son el único tema de conversación que nos queda”. No podía estar de acuerdo con él, anota Berger, que enseguida pasa a hablar de la existencia humana como una tarea siempre en vías de realización, estrechamente vinculada con lo que él llama  “la producción del mundo”. Es una de las ideas centrales, y más fecundas de la obra de Berger. El mundo no es un lugar cerrado, sino en continuo proceso de construcción y de cambio. “La producción  de la realidad nunca ha quedado finalizada, su resultado nunca ha sido decisivo. Siempre hay algo en juego. La realidad siempre está necesitada. Incluso de nosotros, por malditos y marginados que seamos.”

Y, efectivamente, toda la obra de Berger tiene por centro absoluto este continuo acto de creación, esa producción interminable de significado frente a la nulidad de las cosas, que caracteriza a la vida del hombre. Es una idea, a pesar de su acendrado materialismo, de indudables connotaciones religiosas. Nuestro tiempo sigue siendo el del Génesis, y el mundo entero es una creación. Esa creación no está concluida, y el hombre debe participar en su desarrollo. Depende de él,  el que todas sus potencialidades se activen. El trabajo tiene que ver con esa tarea, pero también su imaginación. Aún más, trabajo e imaginación no pueden separarse. Un campesino que ara y siembra sus campos, no se limita a remover la tierra, sino que se situa en la perspectiva de una producción potencial más deseada. El ciclo del descanso, el ritmo del trabajo y del sosiego, es también una aventura mental.

Es esa aventura la que nos ha llevado al descubrimiento de las cosas que conocemos. Por ejemplo, que “la mejor manera de cuajar la leche es coger el estómago de un cabrito, inflarlo como un globo, dejarlo secar, remojarlo en ácido, molerlo y añadir una pizca de ese polvo a la leche caliente”. Es decir, que la leche que se echa en las vasijas, es trabajo; pero el queso resultante es imaginación. O dicho de otra forma, el secreto de esa aventura que es la actividad humana es “tranformar el trabajo en espíritu”.  Gracias al trabajo aprendemos a obtener lo que necesitamos,  pero el espíritu nos hace preguntar para qué. Es el lugar de las preguntas. Por ejemplo, ¿quiénes somos realmente, qué significa el amor, la muerte, el nacimiento de los niños?. ¿Por qué existen la montaña y la nieve, los caballos, la noche y el viento, la música, el aguardiente y la mujer?  Esas preguntas sólo pueden responderse contando una historia. Y todas esas historias juntas, las que hablan “de las peleas, las batallas legales, los inventos y las parejas en el bosque”,  participan de la construcción del mundo tanto como la roturación de los campos, la búsqueda de pastos en las laderas de los montes, o el trazado de las acequias. Forman parte de esa actividad común. ¿Que nos dice esa actividad, esa memoria siempre vigilante? Que hay una continuidad entre el hombre y el mundo. Que un establo puede ser como el interior de un animal, y que el fogón brillante que una mujer acaba de limpiar recuerda a un caballo negro recién cepillado. También que nuestros gestos no tienen por único destinatario a los otros hombres. Uno de los personajes de Puerca tierra  recupera su vieja armónica y se pone  a tocar en el bosque. “Tocaba para la montaña y para la mujer, escribe Berger. Para los muertos y para los no nacidos”. Es decir, no sólo existe una continuidad entre el mundo orgánico y el inorgánico, entre los animales y el hombre, sino también entre los vivos y los muertos. O dicho de otra forma, en la mirada del hombre, materia y espíritu, trabajo e imaginación, descripción y cuento se confunden.

Lee el artículo completo en pdf

 
Gustavo Martín Garzo © 2001
  -