EL CUARTO DE ATRÁS
Carmen Martín Gaite
Chesterton solía decir que deberíamos aprender a mirar el mundo con los ojos con que Robinson Crusoe miró los objetos que salvó del naufragio. El hecho de que hubiera sol, árboles, dos sexos, debía producirnos el mismo asombro que le produjo a él salvar sus dos rifles y el hacha. Pero el personaje de Defoe tenía dos vidas. Levantaba un orden habitable, y anotaba en un cuaderno sus pensamientos: vivía en el plano de la realidad y en el de la escritura. No es extraño que su caso se cite en El cuarto de atrás, que es una novela sobre la soledad, y en que también se habla de libros y de cómo se llegan a escribir. Hasta el punto de que bien podemos decir que es una novela sobre el misterio de la escritura. Porque ¿qué es la escritura? El cuarto de atrás entronca con esa tradición metaliteraria, que hace a los escritores preguntarse por el sentido de lo que hacen. Porque ¿qué extraña tarea es esa de encerrarse en una casa y dedicarse horas, días, meses, años enteros a escribir? Miguel Delibes, en su discurso de agradecimiento por el Premio Cervantes, se preguntó si la vida que había recibido de sus personajes era comparable a la que él les había entregado. Y esta novela habla de esa vida extraña que hay en las palabras, y de las dudas que inevitablemente surgen en los escritores acerca de si merece la pena o no dedicarles su tiempo.
Y, en efecto, una buena parte de las preocupaciones de C., su protagonista, tiene que ver con los libros. Los libros que ha leído, y los que ella misma ha escrito o quiere escribir alguna vez. El verdadero argumento de El cuarto de atrás es la escritura de un libro. Un libro que, al final de la novela, C. encontrará en su mesa, sin que pueda saber cuando ni cómo lo llegó a escribir. Un libro que es real y soñado a la vez. Real, porque está en sus manos, y puede tocarlo y leerlo; soñado, porque procede de esa irrealidad que se ha instalado en su casa durante una noche de tormenta. Pero ¿no son todos los libros así? El poeta de Coleridge se trae una rosa de sus sueños y C., la protagonista de esta novela, regresa con un libro y una cajita dorada, que son la prueba de que lo que vivió fue real.
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