CUENTOS COMPLETOS
Miguel Delibes
En un relato de Tres pájaros de cuenta unos vecinos del escritor se encuentran un polluelo de cárabo, que alimentan y cuidan. El cárabo pasa a ser un miembro más de la familia, hasta que los problemas que causa al crecer les hacen tomar la resolución de soltarle. Lo meten en un jaula y, “como en el cuento de Pulgarcito”, lo abandonan en el bosque. Pero el cárabo regresa sin problemas. Insisten, llevándole todavía más lejos, y el cárabo vuelve a encontrar el camino de vuelta. Hay una tercera vez, en la que se desplazan más de treinta kilómetros, pero también entonces el cárabo regresa a su lado y, conmovidos por esa fidelidad, no vuelven a abandonarle. Cada uno de los tres relatos de este hermoso libro tienen por protagonista a un pájaro: un cárabo, un cuco y una grajilla. Delibes nos habla de sus costumbres, nos describe sus vuelos, el color de sus plumas y su canto, nos dice donde ponen sus nidos y qué alimentos prefieren, pero lo hace con la cálida atención del que se ocupa de unos vecinos un poco peculiares, e imprevisibles, a los que no cabe desatender. Es decir, habla de la naturaleza, pero también, y sobre todo, del corazón del que se detiene a contemplarla y amarla. Ese es el tema secreto toda la obra de Delibes, la búsqueda de ese camino que nos lleva al encuentro de las otras criaturas del mundo. Una búsqueda que se basa en el principio de igualdad. Igualdad no sólo con los otros hombres, sino con los animales y hasta si se me apura, con los propios árboles, como pasa en Los nogales. “Son mis mejores amigos / aquellos que no hablan” escribió Emily Dickinson. Todos los grandes personajes de Delibes mantienen intactos esos vínculos con el mundo. Paul Klee dijo que la misión del arte no es representar lo visible, sino hacer visible lo que no vemos. Pues bien, estos relatos surgen de ese mismo deseo de visión. Y es curioso que uno de ellos se llame precisamente así, Las visiones, y hable de una niña que inventa cosas que causan el regocijo de familiares y vecinas, hasta que nos damos cuenta de que es precisamente en tales fantasías donde todos ellos encuentran la alegría que necesitan para seguir tirando. Y estos relatos están llenos de personajes que tienen visiones; es decir, que ven donde nosotros no llegamos a ver. El viejo Nilo ve sus nogales como su único reino en el mundo, y sabe que mientras pueda seguir subiendo a sus ramas su vida no será la de un pordiosero. Y también el Barbas, el protagonista de La caza de la perdiz roja, ve a la perdiz patirroja con unos ojos así. Es eso lo que le hace salir de caza, lo que le hace buscarla sin cansarse nunca, lo que le hace pedir para ella toda la libertad del campo. Los ejemplos podrían multiplicarse: en La partida, el muchacho que se embarca en un carguero sueña con ver peces voladores y el Queen Mary, con todas sus luces encendidas, como un palacio flotante; en La perra, la vieja perra y su dueño forman una de esas parejas que solo parecen tener cabida en el mundo de los cuentos infantiles, pues mantienen entre ellos un vínculo inexplicable que les hace comunicarse y entenderse como dos viejos camaradas.
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