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LAS AFINIDADES ELECTIVAS

Johann Wolfgang Goethe

"El destino nos concede nuestros deseos, pero sólo para poder darnos algo que está por encima de ellos". Esta frase de Goethe podría resumir su obra. En especial, su novela Las afinidades electivas. En ella nada es lo que dice ser.  Dos parejas comparten un tiempo en el campo, se atraen entre sí, se buscan y se evitan siguiendo fuerzas de las que no son dueños y que son incapaces de controlar. Son las mismas fuerzas que rigen los fenómenos naturales. Las fuerzas que fijan las órbitas de los cuerpos celestes, que ordenan la materia y han dado lugar al misterio de la vida. Goethe toma el concepto de afinidad de las ciencias naturales. Es un concepto químico, muy querido por los alquimistas. Alude a los poderes místicos de la naturaleza. La civilización y la racionalidad aspiran a modular esos oscuros poderes, sirviéndose de su fuerza para producir algo provechoso. Es la tarea de la razón, ordenar la naturaleza, transformarla en un jardín. La pasión debe someterse a unas leyes análogas, y bien podría decirse que para los personajes de este  libro el matrimonio es el jardín de la pasión.

La metáfora del jardín aspira a resolver el conflicto entre ley natural y ley moral, naturaleza y sociedad, deseo y conveniencia. Por eso las protagonistas de esta novela no sólo se dedican a alimentar sus pasiones reciprocas sino que ponen la misma determinación en transformar el lugar en que viven en un jardín. Trazan nuevos lindes, levantan diques y puentes, hacen embarcaderos, reconstruyen edificios. No sólo buscan lo útil, sino que los caminos discurran con armonía, que las vistas sean hermosas, que las vidas de las gentes del pueblo transcurran previsibles y tranquilas. Ordenan el mundo natural, tratando de transformarle en un lugar donde vivir. Sin embargo, y en la medida en que ese lugar no puede dejar de ser naturaleza, guardará en su seno lo fatal, como una víbora que se oculta en césped. Ottilie, el personaje femenino central de esta novela, se tropieza con ese lado demoníaco del universo natural. Se ocupa de cuidar el niño de Charlotte, su protectora, pero se distrae y provoca el accidente que todo lo cambiará. Y la novela pasa a girar inesperadamente sobre el misterio más terrible que existe, el misterio de la muerte de los niños. Pues ¿cómo puede morir lo que aún no nacido del todo? Esta muerte inexplicable, causa el desmoronamiento del mundo tan laboriosamente construido por la razón. Y las desgracias se suceden hasta componer uno de los finales más tristes y hermosos de la literatura de todos los tiempos. "Considerada desde la fatalidad, escribió Walter Benjamin de esta novela, toda elección es ciega y conduce a la desgracia”.

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Gustavo Martín Garzo © 2001
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