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Gustavo Martín Garzo - Página Oficial

 

::INFANCIA Y JUVENTUD::

-De su último libro "Una miga de pan", ¿podemos decir que es libro para ser contado, para recuperar el valor de la tradición oral, de los cuenta-cuentos?


No se escriben los libros con ningún propósito determinado. Surge una historia, y la quieres contar porque hay algo en ella que te resulta necesario o placentero. Lo que tal vez distingue "Una miga de pan" del resto de mis libros es que, por primera vez, tuve claro mientras lo escribía que mi interlocutor era un niño. Es decir, que era una historia que estaba contando a los niños. Supongo que es eso lo que le hace ser un cuento, y acercarle al mundo de la literatura oral. <br>


-Cuando ya no somos niños, estamos muertos. ¿Lo ha dicho usted?


Es una frase de Brancusi, que comparto plenamente, a pesar de su exageración. Creo que la etapa más radiante e intensa de la vida es la infancia. Tal vez por que el niño, como el amante, vive en el mundo de la posibilidad. <br>


-¿La nostalgia de la niñez quizá sea lo que le haga escribir?


No me gusta la nostalgia, ni tampoco idealizar a los niños. El niño es un ser complejo, agitado por numerosos conflictos, y la infancia está llena de angustias e incertidumbres. Pero puede que haya dos tipos de personas, los que dejan sin problemas su infancia atrás, y los que no pueden hacerlo por mucho que se empeñen. Yo pertenezco al segundo.

.-Después de obtener el premio Nadal, ¿ha sentido la angustia de la siguiente novela, si estaría o no a la altura de las circunstancias?


Ese temor existe siempre con cada nuevo libro. Escribir es una tarea muy compleja, y el escritor nunca sabe si está acertando o no. Por eso necesita el contacto con el lector. Claro que también los lectores se equivocan. Un libro puede fracasar porque el escritor no acertó al escribirlo, pero también porque sus lectores no supieron leerlo como debían.


-Su experiencia como psicólogo ¿ha jugado un papel importante a la hora de caracterizar o profundizar en sus personajes?


Yo creo que no, o al menos no de forma significativa. No es el escritor quien debe ir en busca de sus personajes, son éstos los que tienen que venir a él y entregarle sus pensamientos.


-Nadie habla de las enfermedades del alma pero son las más terribles de todas... Ha dicho.


Sí, es verdad. Son las más terribles, porque el alma es como un ardilla, no puede parar quieta en ningún lugar. Su misión es unir, tender lazos. Y cuando enferma, no hace nada de esto y el hombre pierde esa capacidad maravillosa dialogar consigo mismo y con las otras criaturas del mundo.


-En su obra "El amigo de las mujeres" usted afirma: "Las chicas son mucho más listas, los chicos andan como becerros, no saben qué hacer". En otras novelas suyas se percibe también una admiración hacia el sexo femenino, como si el masculino padeciera todas las carencias que se le han atribuido históricamente a las mujeres.


Debe ser por la ley de la compensación. Bueno, es una broma. Pero le voy a contar algo. A mi de pequeño me gustaban muchísimos los tebeos de aventuras y de héroes justicieros. Menos unos que se llamaban "Hazañas bélicas". Eran historias de la Segunda Guerra Mundial, y si jamás me interesaron lo más mínimo, era porque en ellos no había personajes femeninos. Para que algo me interese debe haber mujeres por medio. Creo que sólo vivo para mirarlas y estar a su lado, y por supuesto, todo lo que escribo tiene que ver de una forma u otra con ellas. No sé por qué me pasa esto, pero es así. Mark Twain tienen una frase maravillosa, referida a Eva. "Donde ella estaba, estaba el paraíso". La suscribo plenamente. Las mujeres llevan el paraíso consigo.


-En "Las historias de Marta y Fernando", dice que la felicidad no es simple, sino que está llena de sombras y misterios.


Sí, cuando más hermosura percibimos en algo, mayor es el sentimiento que tenemos de su vulnerabilidad. La belleza es una cualidad de lo que tiene que morir.


-A través de la prosa usted, lentamente, con extrema delicadeza, va narrando la historia de Marta y Fernando. ¿Hay algún tipo de seducción en esta forma de narrar entre el autor y el lector anónimo?

El escritor, claro, debe seducir al lector. Contar algo atractivo y hacerlo de una forma oscura y luminosa a la vez. Un perverso con un corazón candoroso. No sé si es posible algo así, pero ese sería el mejor narrador.

-Por último, ¿por qué siempre los niños lanzan migas de pan a los estanques?


Quieren que los animales que conocen, patos, ocas, peces, se acerquen a ellos. Pero también convocar esa vida escondida que siempre late en el interior de los lagos y de los pozos. Lanzar una miga es como preguntar ¿anda alguien por ahí?

Este texto ha sido realizado a partir de fragmentos tomados de las siguientes entrevistas.
Rosa Mora. "Babelia". 24 de junio de 1995.
Mihály Dés. "Lateral". Mayo de 1996.
Gregorio García Maestro. "La Razón". 11 de febrero de 1999.
Paula Izquierdo. "La Esfera". 26 de junio de 1999.
"Telva" nº 65.
Ignacio Vidal Folch. "La Vanguardia". 27 de marzo de 1996.
Javier Goñi. "El País". 20 de noviembre de 1994.
Nuria Azancot. "El Cultural". 16 de mayo de 1999.
Xavier Moret. "El País". 3 de noviembre de 1997.
Carlos Otero. "El Periódico". 28 de diciembre de 1994.

 

Gustavo Martín Garzo © 2001
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