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El
amor siempre está en sus novelas, ¿por qué?
El
amor es una de las experiencias básicas de la vida, porque
nos enfrenta al misterio de los demás. Por eso, la experiencia
amorosa es tan literaria. Siempre escribiré sobre él.. La
felicidad está llena de misterio, es como llegar a un lugar
donde las preguntas básicas vuelven a vivir. El lugar del
amor es el lugar de las preguntas, aunque esas preguntas
te intranquilizan, pero también te hacen dichoso porque
te instalan en el mundo de la posibilidad.
Hay un tipo de relación extraña
que se repite en sus libros: un hombre adora a una mujer
a la que parece no poder conquistar.
Porque
al conquistarla la pierdes. Es como un pájaro que se posa...
Si tratas de atraparlo, lo pierdes, porque vuela y se escapa,
o bien al cobrar esa pieza como cuerpo sacrificado lo que
estás obteniendo no es aquello que viste. Mis personajes
saben que tienen que sufrir, porque la condición del que
adora es el dolor, porque eso que adoran es escurridizo,
es esquivo, no puede definirse y, por tanto, no va a estar
nunca bajo tu control. Entonces, ese quedar sin hacer nada
es una de las maneras de preservar ese objeto que amas.
O
sea, amar es renunciar...
Yendo
más allá de la relación entre los hombres y mujeres, creo
que lo que básicamente se plantea es el misterio del otro.
Tengo el sentimiento de que todo lo que más importa viene
de fuera, viene del exterior. El mundo de lo interior, para
decirlo así, no me interesa especialmente.
No
sé si este modelo de amor puede funcionar en el mundo real…
Ya,
pero yo no creo que la literatura trate de reflejar la vida.
Por supuesto que es posible una relación amorosa entre dos
personas y que es posible una conveniencia y una dicha…
pero es posible porque uno se calla ese deseo de nombrar
lo que no está consiguiendo. Es decir, ¿hasta qué punto
hay una parte de su vida que se nos escapa absolutamente…?
Y entonces la literatura no se sitúa en el terreno de lo
cotidiano, sino precisamente lo que trata es de preguntarse:
¿qué pasa con esa otra parte de la vida de la que no sabemos
nada y no aparece en lo cotidiano? Creo que sólo se puede
expresar el misterio de la existencia humana empezando a
contar las historias donde el realismo naturalista termina.
Es preciso hablar más de lo que no comprendemos que de lo
que comprendemos. Yo trato de hacer realismo, pero es muy
complicado explicar lo que es la realidad, aunque para mí
es mucho más amplia de lo que sucede en el mundo cotidiano.
También forman parte de ella el mundo de los sueños y ese
lado oscuro, impreciso, vago… Uno siente de algún modo que
la clave de nuestra vida está allí.
"Historias
de Marta y Fernando" es una historia de amor correspondido.
¿Estaba cansado de historias de amor imposibles?
El amor, aun correspondido, siempre es imposible. Es la
memoria de lo que no ha sucedido ni puede suceder. Los amantes
se parecen demasiado a los niños; su estado es el de la
sorpresa permanente. Hay en ellos hallazgos y un afán de
crear y de definir lo que aún no ha sido creado ni definido
para ellos. El amor siempre reclama la invención de un mundo
propio; igual que buscan una casa, también buscan un lugar
en todos los órdenes: en el corporal -en la manera de mirarse
y acariciarse- y en el verbal.
¿Puede
la literatura llevarnos a la felicidad?
Sí, pero al mismo tiempo tiene que descolocarte, tiene que
llevarte a un terreno que no es el tuyo, hacerte perder
pie y, en este sentido, confundirte también. El libro esencial
es el que es capaz de cambiar la vida de aquél que lo lee,
no se puede leer impunemente, se lee a costa de algo. Creo
que los libros importantes nos han modificado. Yo, por ejemplo,
sin haber leído a Kafka, a Katherine Mansfield o a Flannery
O'Connor no sería el que soy. Tampoco sé decir quién soy,
pero sé que, en gran parte, el que soy ahora se lo debo
a determinadas lecturas. |