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¿La
ciudad de Valladolid es una fábrica de literatos?
Es cierto que lo parece, en poesía desde Jorge Guillén al
todavía en activo Francisco Pino, en narrativa Delibes,
Chacel, Jiménez Lozano. Hoy hay varios poetas valiosos de
allí. Pero no vamos a hacer de eso una tesis, puede ser
pura casualidad. Es una ciudad ni pequeña ni grande, con
una cierta vida cultural, agradable para vivir. Yo apenas
me he movido de ella, ni creo que haga falta. Tengo la certeza
de que cualquier lugar contiene el mundo entero, tiene los
mismos conflictos, los mismos anhelos. Basta con saber mirarlos.
Hay
una imagen que le acompaña desde su infancia: su padre leyendo
a la familia unas cuartillas. Ése es su primer recuerdo
literario, y usted, un niño entonces, no acababa de entenderle;
sin embargo, aquel hecho le causó perplejidad.
Recuerdo ese círculo de asombro que se producía entorno
a él, esa tentación, cómo todo se detenía para escuchar
ese poema, la palabra literaria. Mi primer deseo, pues,
de escribir surge con el deseo de conseguir lo mismo. Se
empieza a escribir tratando de embelesar o de seducir a
los demás: que se detengan y que te escuchen con ojos de
asombro.
El
lector, además, sería el objeto del deseo del escritor,
éste escribe para ser querido.
En parte sí. Fue Lorca, creo, quien lo dijo por primera
vez; después la idea la retomó García Márquez. Una de las
cosas más dichosas es que alguien, después de haber leído
tus libros, te mira con ojos diferentes. Esa sorpresa que
causas en el lector es algo que tiene mucho que ver con
la sorpresa amorosa.
¿Qué
es un acto superior, leer a los demás o escribir para los
demás?
Con la lectura se disfruta de verdad de la literatura. El
hecho de escribir está lleno de incertidumbres; siempre
late ese temor de conseguir o no algo. Y, en cambio, leer
es el mayor don que uno puede recibir en esta vida.
¿Tiene
la literatura un sentido utilitario?
La
literatura debe ayudarnos a vivir y a ser mejores. Por lo
menos, nos debe allanar el camino para comprender el mundo.
Algunos de los alimentos más secretos y exquisitos de la
vida están escondidos en los libros.
Leer, en principio, puede hacerlo
cualquiera, pero ¿saber contar cosas está al alcance de
todo el mundo?
Todo el mundo, al tiempo de vivir, se está contando su propia
vida. Eso está claro. Pero no siempre se consigue elevar
esa vida al nivel de una historia, organizarla. Eso es fuente
de desdicha, pues es más difícil sobrellevar el dolor cuando
todo resulta fragmentario y roto, cuando sientes el peso
del absurdo de la vida, que cuando, por el contrario, te
parece que el dolor responde a algo, que tiene un sentido
que tal vez se revele en algún momento. Hay una frase que
me gusta mucho de Faulkner en "Las palmeras salvajes": "Entre
la nada y la pena, elijo la pena". Ésa es una elección fundamentalmente
literaria. El que elige la pena elige hablar de lo que le
pasa. Escribir te devuelve al reino de la posibilidad, que
es el reino de los amantes y de los niños. Me sorprende
que no le dé a todo el mundo por hacerlo. |