Gustavo Martín Garzo - Página Oficial
 

 

  Doce cosas   Curiosidades

El cine: En ningún otro sitio del mundo soy tan feliz. El cine nos ha enseñando a ver el mundo con la intensidad con que vemos los objetos y lugares en los sueños. Nos ha enseñado, sobre todo, a contemplar el rostro de los hombres.

Los libros: Creo que no podría vivir sin libros, que no podría vivir sin leer. En ningún otro lugar de la tierra uno encuentra tantas cosas para admirar.

La comida: No hay ni un solo alimento que no me guste. El aceite de oliva, los tomates, el jamón, los percebes, los pichones, las naranjas. Todo me gusta, todo lo quiero probar. Tengo la naturaleza de un ogro.

Los animales: ¿Podríamos imaginar un mundo sin animales? Un mundo sin patos, sin perdices rojas, sin oropéndolas, sin los tímidos conejos; un mundo sin corderos; un mundo sin elefantes o jirafas. ¿Podríamos vivir si los animales no visitaran nuestros sueños?

El circo: Amo el circo desde mi infancia y todavía hoy siempre que pasa uno por mi ciudad voy a verlo. En el circo todo es posible. La amistad con los animales, el vuelo de los cuerpos, que los objetos vivan, la desaparición y la felicidad del regreso. El circo, como la poesía, es la Casa de la Posibilidad.

El baile: Siempre he sido un bailarín lamentable, pero nada he envidiado más. Pienso en el baile con alguien que amamos. En ese baile que prolonga el abrazo, que transforma cualquier lugar en un espacio encantado.

El estudio: Siempre me ha gustado la gente estudiosa. Esas personas que se preguntan, que quieren saber, que no se conforman con lo que les dicen. Las personas que piensan. Que no solamente prestan atención a lo que tienen, sino que se preguntan por lo que las falta.

Los niños: Los niños nos enseñan que lo maravilloso es una dimensión de lo real, que sólo hemos venido al mundo para jugar con las cosas.

Las mujeres: Amo su inteligencia, su dulzura, su naturaleza compasiva. Las mujeres llevan la vida con ellas, de ahí su inclinación a la risa. Suelen, además, creer en el amor, a pesar de todos los disgustos que se llevan. Me gusta su romanticismo: que crean que la vida tiene sentido, que el encuentro entre un hombre y una mujer puede llegar a ser lo que fue en el edén.

La noche: No podría vivir si no existiera la noche. Es en su mundo de sombras donde se encuentra la luz más escondida, la luz de todo lo que resplandece en secreto. La luz ardiente de los cuerpos y de sus deseos más locos.

Los sueños: No me refiero a los sueños de los que duermen, sino a los sueños diurnos, los sueños que tenemos cuando estamos despiertos. Nuestros ensueños. El mundo del sueño es el mundo del anhelo. Nos hace pedir más a las cosas, no conformarnos con lo que tenemos, pensar que la verdadera vida siempre está en otra parte.

El amor: El amor nos vuelve voraces; nos transforma en pulpos, orangutanes, delfines, aturdidos cachorros; hace del rostro amado un libro que nunca nos cansamos de leer; convierte nuestros paseos en un baile interminable, nuestra casa en un circo; nos llena de preguntas, nos vuelve niños y puebla nuestro pensamiento de anhelos. El amor resume todas mis elecciones.

 
 

Gustavo Martín Garzo © 2001
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